Unas invitaciones de Santa Teresa Benedicta de la Cruz

Queridos hermanos y hermanas, celebramos hoy como Iglesia, y de una manera especial en el Carmelo Descalzo la memoria de una santa, hermana nuestra y una figura femenina muy destacada de los tiempos recientes: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein. Nos alegramos de celebrar a Dios en la vida de esta mujer con un gran testimonio de vida, de educación, pero sobre todo de fe, de búsqueda auténtica y de encuentro con la Verdad plena.


Con Edith Stein se nos vienen a la mente las palabras de San Juan de la Cruz en el libro de Llama de Amor Viva: “Si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella” (3, 28). Ella buscó a Dios, pero efectivamente mucho más Dios la buscaba a ella. Y este encuentro cambió totalmente su vida y la orientó por un nuevo camino. En esta reflexión quiero proponer algunos aspectos en los que se evidencia este encuentro con Dios en la vida de Edith y a la vez, algunas invitaciones que su vida nos deja. Que la vida de Teresa Benedicta, entonces, nos ayude a descubrir esa presencia de Dios Amor y nos anime a responder también nosotros a su iniciativa.


1. Abandono y confianza en la providencia divina

Dios sabe qué planes tiene sobre mí. Por eso yo no necesito preocuparme...” Con estas palabras, Teresa Benedicta nos da un testimonio de abandono y confianza en la providencia de Dios. Ella está convencida de que Dios está siempre presente, y que todo está en sus manos, que Él tiene el control de todo. Ella se encontró con un Dios providente, un Dios que es un padre que está pendiente de sus hijos y que va realizando todo para el mejor bien de ellos. Estas palabras de Edith deben motivarnos a nosotros, hermanos, a considerar esa presencia de Dios que siempre nos acompaña y que va disponiendo todo para nuestro bien. Seamos agradecidos con Dios y reconozcamos que todo lo que somos, tenemos y queremos lograr está en sus manos y que por fe creemos que por eso no debemos preocuparnos.


2. Sentido del sufrimiento

El sufrimiento soportado en unión con el Señor es su sufrimiento, insertado en la gran obra de la redención y por eso, fructífero.” Edith Stein descubrió también en su vida el sentido que tiene el sufrimiento y el sacrificio. Estas realidades siempre están presentes en la vida y nadie puede evadirlas, son parte de ella. Lo que ocurre con el cristiano es que la fe ilumina esas realidades y hace que tengan un nuevo sentido, ya no se quedan así nada más, sino que se ordenan a un bien mayor: el de la salvación y la vida eterna. Teresa Benedicta nos invita, hermanos, a descubrir el sentido de nuestro sufrimiento y de nuestro sacrificio, así como el sufrimiento y el sacrificio de Jesús no fue en vano. Las situaciones difíciles que podemos estar viviendo también en Jesucristo se encaminan a un bien mayor para nosotros y son oportunidad para descubrir la presencia de ese amor infinito de Dios.


3. Significado de la cruz y de la muerte

En el signo de la cruz, venceremos … se vean o no los frutos.” Teresa Benedicta vivió a profundidad el misterio de la cruz, misma que tiene también un significado que está ligado a la muerte, a morir. El encuentro con Dios la capacitó a ella para enfrentar la situación más difícil: la muerte. En su vida, Dios le indició a Edith también que su muerte iba a tener un significado y ella, con todo el valor y la disposición que puede venir únicamente de Dios, aceptó lo que Dios había decidido: que entregara su vida por las intenciones de la Iglesia. También la muerte de Jesús, representada por la cruz, es signo de vida, de esperanza y de amor y es desde ese momento en que Cristo murió que la muerte se ha convertido para nosotros los cristianos en algo nuevo. Es un lugar de perspectiva, de construcción y no es el fin, sino más bien el verdadero inicio. Con Edith, Dios nos invita, entonces, a mirar a la cruz y a la muerte con una perspectiva de fe y de esperanza.


Para la Iglesia, y aún más para el Carmelo, Teresa Benedicta de la Cruz es un verdadero regalo. Es un testimonio de un alma noble, sincera, perseverante, generosa, fuerte y valiente. Que el Señor a quien Edith tanto buscó y una vez encontrándolo lo contempló y se entregó a Él hasta derramar su sangre, nos conceda hacer siempre su voluntad y contribuir con nuestros pequeños actos en la construcción del Reino de Dios en donde nos toque. Que Dios nos dé la gracia de vivir lo que ella misma nos dice: “Hay una vocación a sufrir con Cristo y por lo tanto a colaborar en su obra de redención.”

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