Amada en el Amado transformada: un San Valentín con Dios
- Berny Ulate
- hace 2 horas
- 7 Min. de lectura
Resumen: El artículo invita a redescubrir el 14 de febrero como una oportunidad para tener una "cita" con Dios, el "Gran Enamorado", trascendiendo el enfoque comercial de San Valentín para centrarse en la sed de infinito del corazón humano. A través de la mística de san Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual, se proponen tres momentos clave para este romance divino: la búsqueda apasionada que nace del deseo interior, el encuentro silencioso donde basta la sola presencia del Amado, y la unión transformante que permite al cristiano amar a los demás con el mismo caudal de amor con que es amado por Jesús.

Hoy es 14 de febrero… día de san Valentín, día del amor y la amistad. Hay tantas cosas que se me vienen a la mente cuando pienso en todos los detalles y gestos de amor que las parejas, los amigos y las personas en general tienen unos con otros… En cierto modo me llena de alegría ver que el “amor” sea celebrado… pero por otro lado siento algo de nostalgia al ver cómo el Amor es olvidado.
Hoy quiero hacer algo un poco loco, con tu permiso, mi querido lector. Hoy quiero invitarte a que volvamos la mirada al gran Enamorado. No sé si nos te has percatado de ello, pero Dios es EL ENAMORADO. Tal vez en este día no tengas una pareja para celebrar el día de los enamorados, pero sí que tienes a un Dios enamorado de ti. ¿Será una locura celebrar este día con Él? ¿Qué tal una cita con Jesús para pasar tiempo con Él?
Y, aprovechando que este año celebramos los centenarios de san Juan de la Cruz (300 años de su canonización y 100 de su nombramiento como doctor de la Iglesia), me gustaría que veamos cómo este gran santo nos presenta la relación entre Dios y el alma, como la relación entre Amado y amada. Tal vez así podamos aprender algo para este día… quizá nos sirva para ser mejores enamorados… o sea.. mejores cristianos, que al final de eso se trata nuestra fe.
El Cántico Espiritual, nos habla del camino espiritual y del proceso de vida cristiana como una relación muy profunda de amor entre Dios y el “alma”, voy a invitarte a recorrer tres momentos de este 'romance divino' que San Juan nos narra en su Cántico Espiritual, para que hoy mismo puedas vivirlos en tu oración, y también tengas tu cita de San Valentín.
1. El amor, búsqueda apasionada
El Cántico Espiritual arranca con un grito, casi un reclamo lleno de pasión: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?”. San Juan de la Cruz nos sitúa de entrada en la dinámica de todo enamorado: la búsqueda. En San Valentín, todos buscamos a alguien, buscamos ser vistos, buscamos un gesto que nos confirme que somos importantes para otro. Buscar y ser encontrado… ¡nada más cristiano y místico! Esta es la actitud de la amada del Cantar de los Cantares, uno de los libros más apasionados de la Sagrada Escritura:
“en mi lecho, por la noche, busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad, calles, plazas; busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardias que hacen la ronda en la ciudad: “¿Habéis visto al amor de mi alma?” Apenas los había pasado, cuando encontré al amor de mi alma. Lo agarré y no lo soltaré”.

Todos buscamos el amor, pero no podemos olvidar que el primer buscador -por ser el primer enamorado- es Dios: “si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella” (LlB 3,28). Dios ama buscarnos y ama que le busquemos. Él disfruta tanto ser buscado que se esconde para que le busquemos y así hacerse el encontradizo: “está pues, Dios en el alma escondido” (CB 1,6).
¿Cómo aplicamos esto hoy? Si hoy, 14 de febrero, experimentas un vacío o una soledad que parece doler, no la ignores ni trates de llenarla con ruido. San Juan de la Cruz te diría que esa soledad es, en realidad, el espacio que Dios está utilizando para llamarte. Esa sed de amor que sientes no es un error de sistema; es la prueba de que fuiste hecho para un Amor infinito, para una relación más profunda y eterna.
Consejo para tu "Cita" de hoy: No te asustes de tu vacío ni de tu deseo de encontrar amor. Úsalo como un GPS. Deja que ese "gemido" se convierta en oración. Dile con sinceridad: "Señor, hoy me siento solo, enséñame a encontrarte en este escondite de mi corazón". Y acoge como tuyas estas palabras de San Juan de la Cruz:
“¿Qué más quieres, ¡Oh alma!, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca tu alma? Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con él, pues le tienes tan cerca. Ahí le ama, ahí le desea, ahí le adora, y no le vayas a buscar fuera de ti, porque te distraerás y cansarás y no le hallarás ni gozarás más cierto, ni más presto, ni más cerca que dentro de ti” (CB 1,8).
2. El amor: encuentro silencioso
Después de la búsqueda apasionada, que nos hacer recorrer muchos caminos y descubrir la presencia de Dios en nuestro interior, llegamos a un momento de encuentro, de acercamiento amoroso. Estar juntos ¿pero cómo estar con Dios?.
Como en toda cita de enamorados llega un momento mágico: ese en el que las palabras se detienen y la sola presencia del otro lo llena todo. Con Dios sucede lo mismo. Los versos de nuestro santo hablan de esta presencia que da vida y quita el dolor de nuestro vacío:
Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolenciade amor, que no se cura sino con la presencia y la figura
Es la presencia del Amado que nos sana y nos trae plenitud. Todos nuestros vacíos se llenan cuando Él está. Todo alrededor se apaga y desvanece con su luz que atrapa nuestra mirada interior. Es estar con Él. Los enamorados no quieren otra cosa sino que “estar” juntos.

Esta presencia implica diálogo, pero también silencio. Caricias y miradas que en complicidad transmiten un lenguaje del corazón que las palabras no saben expresar. Por eso las frases complicadas o pre-diseñadas no tienen espacio en el amor. Los chocolates y globos con forma de corazón no son más que distracciones para un amor que quiere hablar un lenguaje más profundo.
En este día de San Valentín, donde hay tanto ruido comercial y tantas palabras vacías, Dios te invita a un diálogo diferente: el de la atención amorosa y el amor silencioso. Mi propuesta para ti hoy es muy concreta: Regálale a Dios una "cita" de 30 minutos de silencio. Pero no un silencio vacío o de "mente en blanco", sino un silencio lleno de presencia.
Busca un lugar tranquilo, una iglesia o un rincón de tu casa, y simplemente ponte delante de Él. No hace falta que le cuentes tu lista de problemas ni que le recites oraciones de memoria. Haz como hacen los enamorados que llevan mucho tiempo juntos: quédate ahí, simplemente mirándolo y dejándote mirar por Él. Tómale de la mano y deja que Él abrace tu interior. No te preocupes si no "sientes" nada extraordinario. Deja que Su amor sea esa música que armoniza tus ruidos internos. A veces, la mayor declaración de amor es simplemente decir: "aquí estoy para Ti".
3. El amor: encuentro transformante
Llegamos a la meta de todo romance. En el lenguaje humano, el amor busca la unión; en el lenguaje de San Juan de la Cruz, el amor busca la transformación: “el amor nunca llega a estar perfecto hasta que emparejan tan en uno los amantes, que se transfiguran el uno en el otro” (CB 11, 12).
Para esto es el encuentro. El amor siempre lleva a la unión. La consumación del amor es hacerse uno… así mismo se les recuerda a los esposos el día del matrimonio “una sola carne”. Dios, que es amor y sabe amar, también quiere ser uno contigo. A esto San Juan de la Cruz le llama unión de amor.

Esto significa que, cuando nos dejamos enamorar por Dios, ocurre un intercambio de corazones. Ya no se trata de que yo intento ser "bueno" por mis propias fuerzas; se trata de que, de tanto mirar al Amado y de tanto estar con Él, termino actuando y amando como Él. San Juan de la Cruz insiste en que, en el grado más alto de la vida espiritual, el alma parece Dios y Dios parece el alma, porque el amor los ha fundido en una sola voluntad. Es el "matrimonio espiritual" donde todo lo mío es suyo y todo lo suyo es mío.
“el Amado vive en el amante, y el amante en el Amado; y tal manera de semejanza hace el amor en la transformación de los amados, que se puede decir que cada uno es el otro y que entrambos son uno” (CB 12,7).
¿Qué te parece una cita así, que te permita llegar a ser de Dios y ser como Dios? Ser "mejor cristiano" no es cumplir una lista de normas éticas; es, en esencia, dejarse transformar por este amor divino. Si hoy celebras el amor, recuerda que la meta de tu fe es que tu mirada, tus palabras y tus gestos se parezcan cada vez más a los de Jesús.
Cuando te dejas enamorar por el Gran Enamorado, tu forma de amar a los demás cambia radicalmente. Ya no amas a tu pareja, a tus amigos o a tu familia con tu amor limitado y a veces egoísta; empiezas a amarlos con el "caudal" de Dios. Tu corazón se ensancha y terminas amando a los demás con el mismo corazón con el que Dios te ama a ti.
¡Feliz día de San Valentín a todos! Especialmente a ti, que hoy te has descubierto como la "amada" o el "amado" de un Dios que no sabe hacer otra cosa más que buscarte, escucharte en el silencio y transformarte en Amor.