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Santa Teresa, una mujer "siempre presente" en medio de nosotros

Celebramos hoy a nuestra santa, fundadora, maestra de oración, hermana y amiga; Teresa de Jesús. El 4 de octubre se cumplieron cuatrocientos cuarenta años de su paso a la eternidad, por el cambio del calendario la fiesta se trasladó al día 15.


Con gozo nuestras comunidades se visten de solemnidad, y en todo el mundo es recordada como un ejemplo evidente de amor a Dios, que ha marcado la vida de tantas personas a través de los siglos.


La existencia de esta mujer, su paso por esta vida, es un legado que se mantiene en el tiempo. Un acontecimiento importante fue la celebración del quinto centenario de su nacimiento en el año 2015. Aún resuenan las actividades que se realizaron aquí en España y en tantos lugares del mundo.


Y este año-2022- hemos celebrado los 400 años de su canonización, y en la casa de la santa, en Ávila, otro acontecimiento no menos importante:


"El solar de la casa solariega que la vio nacer, después de ser transformada en 1930 en Iglesia, este año ha sido elevada a la dignidad de Basílica Menor."



Además, este año ha sido declarado Año Santo, con motivo de una doble efeméride: los 400 años de su canonización y que el próximo año su fiesta cae en domingo, es decir, hasta el 15 de octubre de 2023, es un año santo jubilar.


Teresa es una mujer a quien admirar, sin cansarnos, una mujer de una rica experiencia de amor de Dios, capaz de convencer hasta al mas incrédulo, que el verdadero amor, genera vidas plenas y fecundas. Hagamos memoria hoy de esta gran santa, tan nuestra y del mundo entero, una mujer que jamás pasa desapercibida por nuestras vidas.




1. Teresa niña


En el libro de su Vida, escrito alrededor de los 40 años, Teresa evoca su infancia, inundada de una certeza que muy pocos niños han podido vivir tan radicalmente, y es ese gozo de saber que Dios imprimió en ella, desde muy pequeña, "el camino de la verdad". ¿Y cuál es esa verdad que la hizo tan feliz? Pues, la existencia de un Dios que la amó por sobre todo lo que existe en esta tierra, y que pudo causar en sus tiernos primeros años de conciencia, el estupor de entender el misterio de la "eternidad".

Espantábanos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la verdad. (V. 1,4)

Junto a su hermano Rodrigo, mayor dos años que ella, estaba dispuesta a que la matasen por Cristo. En sus lecturas de vidas de santos, les parecía que los mártires compraban muy barato el ir a gozar de Dios. Aquello que ni ojo vio, no oído oyó, ni puede pasar por el pensamiento del ser humano, en la imaginación de estos niños era una atracción irresistible. Nada les impidió esa disponibilidad para el martirio.

...deseaba yo mucho morir así, no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en el cielo, y juntábame con este mi hermano a tratar que medio habría para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allí nos descabezasen.

Pero, a esta edad, 8 o 9 años, tener padres es el mayor embarazo. Pronto fueron descubiertos en el trayecto a tierra de moros. ¡Qué agobio! ha salido mal su aventura, no pudieron ganar el cielo para siempre, siempre.

De que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos ser ermitaños; y en una huerta que había en casa procurábamos como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas piedrecitas que luego se nos caían, y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo.


1.1. Muere su madre


Teresa tenía 13 años, cuando a doña Beatriz, su madre, el último parto le arrebato la vida. En plena adolescencia, esta hija busca llenar el vacío que deja esta ausencia, y nada menos que en la Madre de Jesús, que jamás la abandonará. Ella será su intercesora en todo, su seguridad, su compañera de camino, su Madre gloriosísima.




Su hermana mayor, María, hija del primer matrimonio de su padre, asume la educación de Teresa en esta etapa difícil de la vida. Pero María contrae matrimonio en enero de 1531, se marcha de casa con su marido, y Teresa con 16 años se queda con su padre, que preocupado por los primos que frecuentaban la casa, decide llevarla a un internado, confiando su educación a las religiosas agustinas de Santa María de Gracia, en Ávila.


2. La joven Teresa

Si yo hubiera de aconsejar, dijera a los padres que en esta edad tuviesen gran cuenta con las personas que tratan sus hijos, porque aquí está mucho mal, que se va nuestro natural antes a lo peor que a lo mejor. (V. 2,3)

Y es precisamente lo que hizo su padre, pues esta hija, tan normal como todas las jóvenes en la edad de la adolescencia, tenía amigas, también un primer amor, pasatiempos y vanidades muchas, y lo que era tan característico en la sociedad de aquella época: la honra del mundo.

Una cosa tenía me parece me podía ser alguna disculpa, si no tuviera tantas culpas; y es que era el trato con quien por vía de casamiento me parecía podía acabar en bien; e informada de con quien me confesaba y de otras personas, en muchas cosas me decían no iba contra Dios.

La amiga más cercana, su prima Inés, junto a otra chica que frecuentaba la casa, le llevó más a lo "peor que a lo mejor". Mucho tiempo en vanidades, galas, regalos, cuidado de uñas y pelo. Todo esto es muy normal en una joven, es aceptable, pero en esta chica, sin madre, sola en casa, enamorada de un primo, era un panorama con mal pronóstico. Una joven intrépida, consciente de que había tomado todo el daño de una pariente de tan livianos tratos, y que su madre había procurado desviar de casa, pues adivinaba el mal que por ella vendría a su hija.

Mi padre y hermana sentían mucho esta amistad. Reprendíanmela muchas veces. Como no podían quitar la ocasión de entrar ella en casa, no les aprovechaban sus diligencias, porque mi sagacidad para cualquier cosa mala era mucha. Espántame algunas veces el daño que hace una mala compañía, y si no hubiera pasado por ello, no lo pudiera creer.

Recordemos que quien escribe esto, es Teresa adulta, una mujer que a los 40 años está inundada de la presencia de Dios en su vida, una mujer de mirada introspectiva y escrutadora, una persona eternamente agradecida por "la gran merced que hace Dios a quien pone en compañía de buenos". (V. 2,8)


2.1. Un camino de luz para Teresa


María de Briceño, una joven monja agustina de Santa María de Gracia, estaba al cuidado de las jóvenes doncellas en el internado, para Teresa fue el camino de luz que le permitió "tornar a poner en su pensamiento el deseo de las cosas eternas, y quitar algo la gran enemistad que tenía con ser monja.

Pues comenzando a gustar de la buena y santa conversación de esta monja, holgábame de oírla cuan bien hablaba de Dios, porque era muy discreta y santa. (V. 3,1)

Recuperó su costumbre de hacer oración, buenas lecturas, pedía a sus compañeras que la encomendasen a Dios, para decidir su futuro. Hizo amigas, todas la querían mucho, tenía esa capacidad de dar contento adonde quiera que estuviese.

Pasado un año y medio Teresa enfermó, fue llevada a casa de su padre. Recuperada su salud, viaja a la aldea donde vivía su hermana mayor, en el trayecto se encuentra con su tío Pedro Sánchez de Cepeda, viudo, quien terminó su vida siendo fraile jerónimo.

Su ejercicio era buenos libros de romance, y su hablar-lo más ordinario-de Dios y de la vanidad del mundo. Hacíame le leyese y, aunque no era amiga de ellos, mostraba que sí. Porque en eso de dar contento a otros he tenido extremo, aunque a mí me hiciese pesar. (V. 3,4)

La palabra de Dios así leída como oída hizo en ella entender la verdad de cuando niña. Y aunque no se decidía aun entrar al monasterio, sentía que era el camino más seguro. Fue una lucha interior que ella define como "trabajos y pena de ser monja", y que no podía ser mayor que la pena del purgatorio. Y si había merecido el infierno, que no era mucho vivir como en un purgatorio, y después. "iría derecha al cielo".


Esta es Teresa a los 18 años, mas que amor a Dios, le movía un temor servil al pensar en su futuro como monja. Por fin, leyendo las Epístola de San Jerónimo, cobró ánimo para decirlo a su padre, "que casi era como tomar el hábito, porque era tan honrosa que me parece no tornara atrás por ninguna manera". (V. 3,7)


Pasaron dos años de forcejeo entre el padre y la hija. Su hermano Rodrigo embarcó a América el 24 de agosto de 1535, habían pasado 12 años de esos sueños infantiles, cuando juntos quisieron dejarse descabezar en tierra de moros. Los hermanos mayores habían partido antes a América, y el hijo del primer matrimonio de Don Alonso, falleció en África, cuando Teresa tenía 13 años.. Los hermanos pequeños, entre ellos Juana, la benjamina de la familia, estaban al cuidado de Teresa.


2.2. No en mis días


Su padre no estaba dispuesto a entregar esta hija, solo después de morir, tenía su consentimiento. Pero ella decide marchar, y como hizo en su niñez con Rodrigo, persuadió a uno de sus hermanos a que entrase de fraile, una segunda fuga de casa, pero en esta ocasión, una joven mujer y un muchacho dos años menor que ella. Eligieron el día de las ánimas para partir; uno, al convento de santo Tomás, otra, a las carmelitas de la Encarnación en Ávila, donde vivía su amiga Juana Juarez.

Acuérdaseme, a todo mi parecer y con verdad, que cuando salí de casa de mi padre no creo será más el sentimiento cuando me muera. Porque me parece cada hueso se me apartaba por sí, que como no había amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciéndome una fuerza tan grande que, si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir a delante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra.

3. En el monasterio de la Encarnación


En 1535 inició Teresa su vida como religiosa, al año siguiente tomó el hábito - 2 de noviembre de 1536 - Estaba feliz, mudó Dios su sequedad en ternura, gozaba con todas las cosas de la religión, andaba barriendo en horas en que solía ocuparse en su regalo y gala . Haberse liberado de las vanidades, nuevo gozo... (V. 4,2)

A los 22 años(1537) hizo su profesión religiosa, la gran determinación y contento con que la hizo, le emociona cuando escribe el libro de Vida.


3.1. Siempre enferma


La salud de Teresa nunca fue buena, a los 23 años su padre la llevó a casa para buscar ayuda en la medicina de su tiempo, los médicos no acertaban con el diagnostico. Recurrieron entonces a la curandera de Becedas, a unas 14 leguas de Ávila. Camino a casa de su hermana, se encontró nuevamente con el tío Pedro, futuro fraile. Esta vez le regaló el libro: Tercer Abecedario, de Francisco de Osuna.

Para iniciar las curas, debieron esperar hasta la primavera, nueve meses en casa de su hermana. Fue entonces cuando comenzó a tener más tiempos de soledad, confesión frecuente. Y el libro de Osuna fue una escuela de oración de recogimiento, don de lágrimas, oración de quietud y de unión.

Los tres meses en Becedas fueron terribles, las hierbas medicinales le acabaron la vida. Vuelven a Ávila y es desahuciada, los dolores que sufre, eran un espanto, ella no podía comprender cómo había sido capaz de sobrevivir. En realidad sobrevivió gracias a la terquedad de su padre, pues el 15 de agosto de 1539 sufrió un colapso que le hizo perder los sentidos "diome aquella noche un paroxismo que me duró estar sin ningún sentido cuatro días". (V. 5,9)

En la Encarnación prepararon la sepultura, y esperaban el cuerpo para enterrarle. Pero Don Alonso estaba seguro que frente a él tenía a su hija, no un cadaver para sepultar. Después de cuatro días Teresa movió un dedo, y se halló la cera en los ojos, estaba paralítica, "toda encogida, hecha un ovillo, porque en esto paró el tormento de aquellos días, sin poderme menear, ni brazo ni pie ni mano ni cabeza, más que si estuviera muerta".


3.2. Regreso al monasterio


Sin duda que este acontecimiento marcó profundamente la vida de Teresa, ella pidió que la llevaran a su convento, "a la que esperaban muerta, recibieron con alma; mas el cuerpo peor que muerto, para dar pena verle". (V. 6,2)

Pronto comenzó a andar a gatas y alababa a Dios, acudió a los médicos del cielo, en especial a San José, ella atribuye a este santo el milagro de su curación, no total, la enfermedad la acompañará toda la vida. Poder andar es un gran privilegio en una persona que ha estado tullida, y cada paso significó para ella un nuevo comienzo, muchas cosas le había sucedido desde que salió de la Encarnación, enferma.

Teresa "curada" disimula cuanto puede las reliquias de su enfermedad y procura seguir fielmente el horario. Instalada en su celda, disfruta de sosiego para entregarse a íntimos coloquios espirituales. Ella sabe que Dios le ha trazado un plan providencial y sabe también que ha llegado la hora de someter su voluntad a la voluntad divina, poniendo su alma a la escucha: la importancia de la oración en las palabras y en los escritos de Teresa nace cabalmente de los lazos que su conversión amistosa con Dios va estableciendo y afianzando. A Teresa la esperan, Dios la reclama desde aquella nube misteriosa donde Moisés entró para oír palabras salvadoras en favor del pueblo. La oración sirve a Teresa de plataforma; allí le aguarda Dios y de allí partirá ella hacia la misión que le sea encomendada. (J.M. Javierre)

Todos los que estáis leyendo este artículo, sin duda conocéis la trayectoria de Teresa después de levantarse de esa cama para iniciar una nueva vida, de la cual nosotros somos fruto de su irradiación.

Han pasado mas de cuatro siglos y ella continúa aquí, con su realismo de mujer, bebiendo del Evangelio a través de sus hijos e hijas, en todo el planeta.

Muchas letras se deslizan a través de los años, obras de tantos autores, eruditos que continúan estudiando sus escritos. Y estoy segura que aún falta mucho por descubrir en esta bella mujer, que es legión para todos nosotros.

Lectores de su obra; millones. Una lectora empedernida no nos podía legar algo más grandioso, que este gozo de leerla y re-leerla. Sí, Teresa fue muy buena lectora desde pequeña, en una época en que el analfabetismo masculino era mayoritario, y el femenino casi absoluto.

Santidad como fruto de su obra, es incontable, mucha de esa santidad permanece en el anonimato. ¿Cuántos santos del siglo XVI-XVII-XVIII-XIX y XX se han alimentado de esta savia que es Teresa?


A manera de conclusión


Es difícil parar la pluma, cuando es Teresa la protagonista de estas letras, pero esto no acaba, porque ella permanece, está aquí, y nos invita a rezar con la cuarta exclamación escrita a su Señor, y debemos hacerlo haciendo nuestras sus palabras, porque el tiempo de Teresa ahora es nuestro tiempo. Recemos con ella:


"Parece Señor mío, que descansa mi alma considerando el gozo que tendrá, si por vuestra misericordia le fuere concedido gozar de vos. Mas querría primero serviros, pues ha de gozar de lo que Vos, sirviéndola a ella, le ganasteis. ¿Qué haré Señor mío? ¿Qué haré mi Dios? ¡Oh, qué tarde se han encendido mis deseos y qué temprano andabais Vos, Señor, granjeando y llamando para que toda me emplease en Vos! ¿Por ventura Señor, desamparasteis al miserable, o apartasteis al pobre mendigo cuando se quiere llegar a Vos? ¿Por ventura Señor, tienen términos vuestras grandezas o vuestras magnificas obras? ¡Oh Dios mío y misericordia mía, y cómo las podréis mostrar ahora en vuestra sierva! Poderoso sois, gran Dios. Ahora se podrá entender si mi alma se entiende así mirando el tiempo que ha perdido, y cómo en un punto podéis Vos, Señor, que le torne a ganar.



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