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Santa Teresa, maestra de interioridad

Santa Teresa de Jesús es doctora de la Iglesia y maestra de espirituales. Su experiencia personal de encuentro con Dios ha hecho de ella una mujer que ha sabido reconocer lo insondable del misterio humano, y este misterio se revela en lo profundo de la interioridad. Hablemos de este camino de vida interior.


Interioridad dimensión fundamental


El ser humano es por naturaleza un ser de interioridad, capaz de reflexionar y de pensar sobre sí mismo; capaz de auto percibirse y reconocerse. La interioridad nos hace pensar en imaginación, sueños, voluntad... y muchas otras cosas que pueden alimentar nuestro espíritu y dar sentido a nuestras vidas. Es algo que no podemos ignorar, vivimos con nuestra interioridad, aunque vivamos distraídos en un modo superficial de existencia.


Santa Teresa descubre la interioridad en su propio camino de maduración humana y espiritual. Ella emprende un camino de relación con Dios que la lleva dentro de sí misma, ahí descubre que no estamos huecos en el interior (cfr. CV 28, 10). Ese castillo, que es el alma, tiene muchas moradas "unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados..." (1M 1,3), por eso hay mucho por recorrer y explorar en el interior.


Vivir la interioridad no es cuestión de místicos y personas muy espirituales, es de todo ser humano. De hecho, es una de esas dimensiones que nos hace ser realmente humanos. Sin vida interior nos perdemos, dejamos de conectar con nosotros mismos y con Dios. De ahí la reflexión que quiero compartir con ustedes hoy.



Oración, puerta de la vida interior


¿Cómo entrar? ¿Qué hacer para conectar con esa vida interior? Santa Teresa nos regala una respuesta muy directa y atinada. El camino es muy recto y claro: "la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración" (1M 1,7).


Empecemos por la consideración. Para nuestra santa no es otra cosa que la toma de conciencia de nuestro ser y de nuestras capacidades, y, al lado de eso, la toma de conciencia de nuestra capacidad de relación con Dios, "porque la que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración" (íbidem).



La consideración implica la capacidad de reconocer quién soy, porque para Teresa, sería una gran "bestialidad" no procurar saber qué cosas somos, ni qué puede haber en nuestra alma o quién está dentro de ella (cf. 1M 1,2). Y aquí viene el primer reto de la interioridad: aprender a mirarme a mí mismo. Ser capaz de reconocer los dones que tengo y el Don que me habita. ¿Cómo andas en este sentido? ¿Eres capaz de disfrutar de ti mismo y de lo que eres? Esas son preguntas que deberías hacerte para reconocer si esta puerta de la interioridad está ya abierta o sigue con un candado que no logras abrir.


El segundo elemento es la oración como tal. Oración y consideración van de la mano. No puedo orar si no es desde lo que soy, y aprendo a ser orando. Por eso la oración también es puerta de interioridad. Es conocida por muchos de nosotros la definición de oración que santa Teresa ofrece:


no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (V 8,5)

Desde esta perspectiva la oración nos abre a la interioridad porque brota siempre de una relación en amor, y no hay nada más profundo en nosotros que el Amor. Un amor que se fortalece en la soledad. La soledad se palpa de manera auténtica en lo profundo de nuestro ser. No se trata de una soledad física, sino de una interiorización auténtica de nuestra vida en lo más íntimo de nuestros afectos, emociones y sentimientos.


Si nos vamos a la experiencia orante de la misma santa, descubrimos que su oración fue siempre un camino de interiorización, de profundización. Pero no se trata de una profundización vacía, sino de un cavar hondo para encontrar el tesoro escondido de la presencia de Dios. A lo más hondo de nuestra interioridad vamos solos, pero nunca para estar solos. Siempre encontramos ahí el Amor que nos ama, con quien nos relacionamos como amigos. Esta es la llave que abre la puerta de nuestra alma.



La interioridad como encuentro conmigo mismo


A lo largo del proceso orante de Santa Teresa, y en toda su doctrina, encontramos como un eje transversal el tema del conocimiento propio. Al punto que llega a afirmar frases como:


no hay estado de oración tan subido, que muchas veces no sea necesario tornar al principio, y en esto de los pecados y conocimiento propio, es el pan con que todos los manjares se han de comer (V. 13,15)
"Es cosa tan importante este conocernos que no querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estés en los cielos" (1 M 2,9)

La vida interior teresiana tiene como fundamento y guía del proceso orante (que podríamos llamar también proceso humanizante) el conocimiento propio. Sin embargo el conocimiento propio, en la perspectiva de nuestra santa, no se trata sólo de un acercamiento a nuestra verdad, sino que es ante todo un acercamiento a la verdad de Dios. Por esta razón, el conocimiento propio no puede quedarse solamente en un test psicológico o un taller de conocimiento personal. Todas estas herramientas ayudan, pero para santa Teresa siempre se quedarán cortas, simplemente porque "jamás nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios" (1M 2,9).


Desde esta perspectiva el camino de interioridad es camino de encuentro con nosotros mismos en Dios. Es que Dios mismo es nuestra interioridad, Él es el centro del castillo. Por esa razón es que la santa llega a ser tan vehemente en la necesidad de conocernos porque, para ella, conocernos es conocer a Dios.


Aquí planteo otras preguntas para que reflexionemos. ¿Cuando te acercas a tu realidad personal lo haces con la mirada de Dios? ¿En tu camino de oración te has tomado el tiempo para reconocer tus virtudes y los dones que Dios ha puesto en ti?


La interioridad camino de relación con Dios


Hemos visto que la interioridad teresiana nos lleva a conocernos a nosotros mismos desde Dios. Este es un paso fundamental. Pero ahí no acaba la interiorización, debemos ir más adentro para llegar a esa fuente de la que brota lo más puro y verdadero de nosotros mismos. En el centro del castillo habita este Dios que me ha permitido descubrir mi dignidad. Es ahí donde pasan las cosas secretas entre Dios y el alma. La búsqueda de la interioridad es una búsqueda doble: "alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti". Hemos entrado en lo profundo y nos hemos encontrado en Dios, ahora toca encontrarnos con Él en nosotros. En ese universo interior que llevamos con nosotros.



Santa Teresa aprende un tipo de oración que se conoce como oración de recogimiento. Esta oración implica "ir dentro de sí" para representarse al Señor en nuestro interior y ahí estarse con Él. Sin embargo, esta oración no se sostiene por la habilidad de nuestra meditación o imaginación, sino por el amor, que es lo más interior que tenemos. Es por eso que la auténtica interioridad implicará muchas veces tener que optar por una oración fuera de nuestra mente. Teresa invita a los orantes a no arrinconar ni apretar la oración (1 M 2, 8) y a las hermanas que no se pueden concentrar en la oración las invita a caminar y contemplar la naturaleza para así orar.


De este modo podemos afirmar, sin ningún temor, que la auténtica interioridad, esta que nos lleva a Dios, está más allá del recogimiento, del silencio o de la meditación. La interioridad teresiana es amor unitivo. Por eso "el verdadero amante en toda parte ama y siempre se acuerda del Amado" (F 5, 16).


Viene ahora la reflexión personal, para que también interiorices, ¿eres de las personas que creen que su vida interior o su relación con Dios sólo se vive dentro de la capilla? Tu vida interior, si es auténtica debe sostener tu vínculo con Dios por amor, y ese amor se hace palpable en cada momento.


La interioridad me capacita para amar y servir


El último elemento que quiero compartir en esta reflexión es el tema del servicio. Porque aún hoy existen personas que, de manera errónea, creen que la vida interior es exclusiva de los monasterios de clausura, pero también están quienes creen que por tener una vida de "oración intensa" no pueden servir a los demás. Nada más alejado de la verdad.



El camino de interiorización es siempre camino de humanización, (podríamos decir también al estilo sanjuanista, es camino de divinización); y por tanto es camino de apertura a la relación. Dios es un Dios en relación. La interioridad misma es relación, como ya hemos visto, con nosotros y con Dios. Por eso santa Teresa le recuerda a sus lectores que


Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras (7M 4, 6)

Es tan importante esto de las obras que Teresa dice a sus monjas "si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella" (5 M 3,11). Esta es la auténtica interioridad, la que se sostiene en la caridad.


Y no se trata de pensar en grandes obras o realidades extraordinarias de apostolado, porque el Señor no mira tanto la grandeza de las obras, sino el amor con que se hacen (7M 4, 15). La auténtica interioridad se reflejará en ese servicio sencillo que todos podemos hacer por amor.


Terminemos preguntándonos ¿mi vida interior me impulsa a servir o me deja encerrado en mis caprichos "espirituales"?



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