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Teresa de Ávila, su infancia.




"El tener padres virtuosos y temerosos de Dios me bastara, si yo no fuera tan ruin, con lo que el Señor me favorecía, para ser buena".

(V. 1,1)


Familia numerosa


Teresa fue una niña feliz, ocupaba el quinto lugar entre los hijos de una familia numerosa. Doce hermanos, dos madres y un padre. Cuando ella nació, su hermana mayor; María, tenía nueve años, y Juan, ocho años. Estos son los hijos del primer matrimonio de don Alonso Sánchez de Cepeda, su padre, quien había contraído matrimonio en 1505 con Catalina del Peso.

En aquellos años varias pestes azotaron a España, y en un periodo de tiempo breve, tres miembros de la familia mueren por esta causa: Juan Sánchez de Toledo, su padre, murió en el paso de 1506 a 1507. Al poco tiempo muere su hermano Hernando, que vivía en Salamanca. En septiembre de 1507 muere Catalina, su amada esposa, dejando a los pequeños, María, un año y seis meses, Juan, bebé de meses.

Don Alonso con veintisiete años conoció a Beatriz de Ahumada en Gotarrendura, niña aun, trece años. Ella procedía de la Villa Olmedo en Valladolid. Esta joven era prima en tercer grado de su primera esposa.

En 1509 contraen matrimonio, don Alonso pronto a cumplir treinta años y doña Beatriz con quince años.

En 1510 nace el primer hijo de Beatriz, tercero de Alonso. En memoria de su tío fallecido le llaman Hernando.

Después don Alonso se fue a la guerra, donde le tocó pelear en el campo de batalla por incorporar el reino de Navarra a la corona de Castilla, entre otras luchas a las que debió enfrentarse.

Beatriz, joven madre, con el corazón destrozado y temiendo que su esposo no regrese a casa, se aferró a su fe en Dios y esperó confiada su regreso.

Dios tenía un plan; que nosotros pudiéramos hoy gozar de la presencia de una mujer maravillosa que nos ha cautivado con su testimonio de amor y entrega incondicional, una mujer que nacería tres años después de estos hechos bélicos en la península ibérica.

En navidad de 1512 regresa don Alonso a Ávila, Beatriz lo recibe con el corazón rebosante. Un año después nace Rodrigo. En la primavera de 1515 nace Teresa, era el día miércoles de pasión.

En miércoles veinte e ocho días del mes de marzo de quinientos e quince años nació Teresa, mi hija, a las cinco horas de la mañana, media hora más o menos, que fue el dicho miércoles casi amaneciendo. Fueron su compadre Vela Núñez y la madrina doña María del Águila, hija de Francisco Pajares. (Alonso Sánchez de Cepeda)

Paisaje de los alrededores de Ávila


Le llamaron Teresa, como su abuela materna, aunque no existía en el martirologio ninguna santa con ese nombre. Su padre apuntaba en un cuaderno las fechas de nacimiento de sus hijos. La hoja autógrafa que escribiera, vino a manos de María de san José, luego la conservó el P. Jerónimo Gracián, luego se conservó en el Carmelo de Pastrana. Allí no pone el lugar de nacimiento, no se sabe si fue en la casa señorial de Ávila o en la finca de Gotarrendura.

Después llegan muy seguidos seis niños: Lorenzo, Antonio, Pedro, Juan, Jerónimo, y Agustín, respectivamente.

Por fin, en el año 1528 llega otra niña a la familia, le llaman Juana, en memoria de su hermano fallecido en la guerra. Después del parto llega la muerte a esa madre ejemplar, que con treinta y tres años deja diez hijos biológicos y dos hijos adoptados, que crió con cariño y dedicación. Aunque en las notas al pie de las Obras Completas de Teresa, podemos leer que tendría unos treinta y cuatro o treinta y cinco, al fallecer.


Veía en mis padres todo bien y cuidado de mi bien


"Dicen los testigos en el proceso de canonización de Teresa, que fue criada y adoctrinada de sus padres con grande virtud y recogimiento; y no cabía otra cosa, pues eran tenidos comúnmente por grandes siervos de Dios y de gran caridad". (Efrén de la Madre de Dios).


Todo el capítulo uno del libro de la Vida de Santa Teresa es un elogio a sus padres, a quienes quizo con locura. Al comenzar a escribir, lo primero que pasa por su mente es esa etapa de la niñez. Habla de aquellas cosas que envolvieron su entorno de niña, recordemos que es una mujer de cuarenta y siete años, que mira hacia atrás para traer a su presente a la pequeña, inquieta y traviesa, que fue capaz de ir hacia tierra de moros, a que la descabezasen por amor a Cristo.

Su primera frase en el libro de la "Vida" es: "El tener padres virtuosos y temeroso de Dios me bastara..." y canta en una actitud de acción de gracias las virtudes de don Alonso y doña Beatriz, que educaron a todos sus hijos en un ambiente de cariño y protección, enseñándoles desde muy pequeños a vivir la fe cristiana. "Era mi padre aficionado a leer buenos libros y así los tenía de romance para que leyesen sus hijos."

Leer libros espirituales o de devoción, era costumbre de toda la familia Sanchez de Cepeda. Su tío Pedro, también inclinado a una vida espiritual, dejó todo para entrar al monasterio de jerónimos de Guisando. (cf. c. 3,4). Fue él quien regaló a Teresa el "Tercer Abecedario" de Francisco de Osuna.

De su madre resalta, "el cuidado que tenía de hacernos rezar y ponernos en ser devotos de nuestra Señora y de algunos santos..." Cuidado que despierta en la pequeña de seis o siete años esa devoción y amor a Dios, que desbordará en torrentes de gracia para muchos hombres y mujeres, que en el pasar del tiempo hemos recibido de su testimonio.

Teresa evoca la gran riqueza que hizo posible su desarrollo integral, en un ambiente de paz y cariño, ese regalo de Dios que son los padres.


Su abuelo paterno, judío converso


Juan Sánchez de Toledo, padre de don Alonso, era un judío convertido al cristianismo en un momento en que la Península Ibérica, era una sociedad donde convivían judios, musulmanes y católicos. Él nació en Toledo, ya adulto se desempeñaba en la empresa de paños y sedas, una actividad que se hizo famosa en la España de los Reyes Católicos. Se dedicaba también a la recaudación de impuestos públicos; civiles y eclesiásticos. Por lo tanto, dentro de su ambiente social poseía un status elevado, en el mundo civil y dentro de la Iglesia católica. Entre sus amigos se contaban los obispos de Plasencia, Salamanca, Toledo y Santiago. Se desenvolvía entre las cortes reales, según José María Javierre, (escritor e historiador) llegó a ser secretario del Rey.

En el año 1845 los Reyes Católicos trasladaron el tribunal de la Inquisición de Ciudad Real a Toledo. A don Juan Sánchez no le quedó otra alternativa que comparecer ente esta entidad de la Iglesia Católica, que cumplía la función de conservar la pureza de la fe.

Hay documentos de este hecho, existe un acta del santo oficio, con fecha 22 de junio de 1485, donde dice que, don Juan Sánchez de Toledo "dio, presentó e juró ante los señores inquisidores una confesión..." Prefiero omitir el texto citado, en honor al tiempo actual y al respeto que debemos a quienes profesan la fe judía. Lo cierto es que el abuelo de Teresa, que en ese tiempo se había convertido a nuestra fe católica, debía comparecer para obtener el perdón y cumplir una penitencia que llamaban: "sanbenitillo". Consistía en un acto procesional, donde los conversos acudían durante siete viernes a diferentes templos católicos, vestidos de una túnica amarilla con una cruz roja en el centro (sanbenito).


Penitenciados por la inquisición portando el "sanbenito".


Era la pena mínima que debían cumplir los convertidos, sometidos en grupo a la mofa popular.


Ese 22 de junio don Juan Sánchez, con cuarenta y cinco años de edad, fue reconciliado junto a sus cuatro hijos, el padre de Teresa tenía entonces unos cinco años.

Los Reyes Católicos firmaron un decreto de expulsión de todos los judíos el 31 de marzo de 1492, don Juan teme el rechazo en la vida social y procura brindar a sus hijos, siete en ese tiempo, una seguridad y distinción según su rango como gran empresario. Esta fue la causa del traslado de la familia a Ávila nueve años después del sanbenitillo. Don Alonso tenía catorce años cuando llegó a esta ciudad al cuidado de un pariente, Antón de Villalba, que inició en cal de Andrín de Ávila la tienda de paños y sedas.

Poco tiempo después toda la familia estaba erradicada en Ávila, excepto el hermano mayor, Hernando, domiciliado en la ciudad de Salamanca, quien falleció durante la peste española de fin del siglo XV y principios del XVI.

En el año 1500 don Juan Sánchez de Cepeda planteó y obtuvo en Ciudad Real un pleito de hidalguía, que dio a sus hijos esa capacidad de recuperar esa categoría dentro de la sociedad hispánica. Era la llamada "limpieza de sangre de los judíos conversos", limpieza que no borrará esa sombra, que en definitiva no era ninguna falta o pecado grave, hoy podríamos decir que es un honor ser descendientes del pueblo de Jesús de Nazaret, hijos de tres grandes patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob.

Lo cierto es que este tema no se hablaba en la familia de Teresa, más bien intentaban olvidar una realidad que no eligieron, pero que debido a las circunstancias del tiempo que les toco vivir, hicieron todo lo posible por cambiar radicalmente. Esto no privó a don Alonso, caminar por las sendas de la santidad, dando buen ejemplo a sus hijos, el tesoro más grande de su vida.

Teresa dice que su padre era un hombre muy caritativo, piadoso, respetuoso con los criados de casa, "jamás se pudo acabar con él tuviese esclavos", muy honesto, nunca le oyó murmurar ni criticar a nadie.


Mi madre también tenía muchas virtudes


Una mujer hermosa, lo dice su hija, la más cercana y amiga, con quien compartía sus lecturas de novelas de caballería. "Pasó grandes enfermedades" y de su belleza física nunca hizo alarde. Era muy inteligente, serena, honesta, culta, sus muchos sufrimientos no entorpecieron ese carácter apacible que la caracterizaba. Dice Teresa "fueron grandes los trabajos que pasó". Entre ellos, la muerte de sus padres, siendo ella muy joven, como también de cuatro de sus cinco hermanos. La soledad en que estaba sumergida, cuando su marido se ausentaba largas temporadas de Ávila por su trabajo, era un continuo sufrimiento para Beatriz.

Sus hermanos Sancho y Antonio murieron en la guerra de Nápoles, Juana y María en Olmedo. No se sabe la fecha de esas muertes, pero hay un dato importante; "en 1516, doña Teresa de las Cuevas, abuela materna de Teresa, repartió su hacienda entre Juan y Beatriz, los únicos hijos sobrevivientes en esa fecha". (José María Javierre)

Nuestra santa tenía un año cuando su madre, solo con veintidós, contaba con un hermano, y la abuela al parecer no estaba cerca de su familia.

Hay algo que debemos agradecer a doña Teresa de las Cuevas; ella era analfabeta, como casi todas las mujeres de su tiempo, pero la Reina Isabel se empeñó en promover la cultura femenina de su reinado. Las mujeres tenían derecho a recibir educación, aprender a leer, entrar en el mundo del conocimiento, no solo estaban llamadas a ser madres y amas de casa.

Beatriz aprendió a leer, gracias a la osadía de su madre, y cuando sus hijos crecieron dedicó mucho de su tiempo a enseñarles a leer y escribir. Me atrevería a decir que esta fue la gran herencia que dejó a Teresa, como también sus devociones y amor por los santos, que se fue cimentando en el corazón de Teresa con la lectura del "Flos Sanctorum".


"Beatriz fue querida y quiso a todos sin excepción. El carácter de Teresa mezclado de expansión y de rigor, de intensa piedad y de enorme soltura de ánimo, cariñosa en extremo y desprendida hasta emprender una fuga, estaba fraguado en una táctica educativa muy amplia y juntamente vigorosa, que logró conservar el candor de la inocencia, a la vez que protegía los más atrevidos ideales." (Tiempo y vida de Santa Teresa)

Éramos tres hermanas y nueve hermanos


Con todos sus hermanos Teresa mantuvo una muy buena relación, todos la quisieron mucho, aunque los mayores y los más jóvenes, por diferencia de edad, compartieron muy poco con ella.

María, la hermana mayor, fue como su segunda madre, Juan le llevaba ocho años, a los dieciocho este joven partió para Nápoles, desde ahí posiblemente le tocó como miembro del ejército imperial, luchar en Italia y en tierra africana. No se sabe dónde murió, sabemos que murió en la guerra. ¿Se enteró Teresa de la muerte de este medio hermano?

Yo me inclino a pensar que por ser todavía muy niña, su padre decidió no informarle de la pérdida de este hermano.

Del trance que costó la vida a Juan Cepeda ni siquiera encontramos datos exactos. Solo sabemos que sin duda por el dinero con que don Alonso acompañaría el alistamiento de su hijo mayor, ostentaba el rango de capitán de infantería. Y que tendría dieciocho años cuando cayó.(José María Javierre)

Los hermanos pequeños, seis niños entre ella y Juana, que nació en 1528, no están presentes en los escritos de Teresa, cuando recuerda su infancia, lo único que dice en Vida, que todos la amaban mucho, y que en nada le impedían servir y amar a Dios. Todos virtuosos, como sus padres. Es entonces cuando se reconoce la más querida, y que a pesar de las buenas inclinaciones que el Señor le había dado, "cuán mal se supo aprovechar de ellas".

Cuando nació su hermana pequeña, Teresa tenía trece años, y sus seis hermanos que le siguen; once, nueve, ocho, siete, seis y un año el más pequeño. Vemos que entre los años 1519 y 1522 nació un niño por año. María, la hermana mayor en ese tiempo era una joven de veintidós años.

Había un hermano, que era su compañero de juegos; Rodrigo, nacido en 1513. Leían juntos las vidas de santos, "era el que yo más quería", dice Teresa. Juntos organizaron la fuga siendo muy pequeños; ella siete años, Rodrigo, nueve.

Escapar de casa no era fácil, había criados y vecinos, y los hermanos mayores, que siempre son esos ángeles custodios para los más pequeños, y están al acecho, vigilando con mil ojos.

Rodrigo y Teresa, salieron de casa, con un poco de comida para unos días, después, pedirían limosna hasta llegar a aquel lugar donde encontrarían la eternidad, según ellos la entendían.


A tierra de moros


La lectura del Flos Sanctorum, las conversaciones piadosas en casa, algún sermón en la Parroquia, todo este ambiente de cultura y piedad les permite a estos niños, comprender que la vida "es para siempre".



Teresa y Rodrigo, dialogan en horas de juegos, quizás por la tarde, cuando su madre se ocupaba de los más pequeños.

Utilizaban palabras oídas a los mayores. Teresa asimila velozmente ideas, y se aferra las imágenes que doña Beatriz y el predicador de un sermón en la Parroquia de San Juan le proporciona. Le aturdió la palabra eterno y tuvieron que aclararle, sin duda su madre: Teresa, quiere decir, para siempre. (José María Javierre)

Había en la ciudad de Ávila una devoción especial por unos niños mártires, tres hermanos llamados Vicente, Cristeta y Sabina, cuyos restos están en la Iglesia de San Vicente en Ávila.

Los abulences del medievo levantaron una Basílica para honrar a estos tres niños, y en los relieves de su sepulcro se puede leer la historia de su martirio.

En tiempos del Emperador Daciano fueron apresados por ser cristianos, les atormentaron hasta matarlos. Luego dejaron sus cuerpos como alimento para las fieras. Cuenta la leyenda que una serpiente los protegió de los animales y de un judío que por curiosidad quiso tocar los cuerpos. La serpiente se enroscó en el judío, "quien, asustado, se puso a rezar prometiendo convertirse". (José María Javierre). Entonces fue liberado, se bautizó en nuestra Iglesia católica y construyó después un templo dedicado a los niños mártires. Encima del templo del judío levantaron después la basílica medieval. Junto al sepulcro de los niños está sepultado este hombre que se convirtió por la astucia de una serpiente.

Sin duda Teresa y Rodrigo sabían de memoria la historia de estos mártires.

"Me parecía compraban muy barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir así, no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía, haber en el cielo, y juntábame con este, mi hermano a tratar qué medio habría para esto". (V. 1,4)


Y deciden ir a tierra de moros para que los descabezasen por amor a Cristo, pero ¿dónde estaba ese lugar? y ¿quienes eran los moros?

Había tres grupos en la España de Rodrigo y Teresa, perseguidores de la fe católica; los turcos, los moriscos y los judíos de quienes no se podía hablar en casa. Pero para estos niños "los moros", dentro de los tres significados que tenía la palabra en ese tiempo, unos, estaban al otro lado del mar, agazapados en las costas de África, eran los verdaderamente temidos por los españoles del siglo XVI. Se les llamaba "berberiscos", eran piratas, asaltaban las embarcaciones del Mediterráneo y tomaban cristianos cautivos para exigir rescate. (José María Javierre)

La historia de cautivos cristianos martirizados por los moros de África tuvieron en Ávila un eco fuerte precisamente estos años de la primera infancia de Teresa. (Ibidem)

Había aparecido un nuevo jefe pirata, llamado Horruch Barbarroja, que para nosotros pasó a ser el personaje en los dibujos animados que nos entretenía en las horas de ocio. Sin embargo para el Emperador Carlos V fue una pesadilla que en un enfrentamiento provocó tres mil muertos y cuatrocientos cautivos, muchos de Ávila.

Esta historia era un tema de conversación en el hogar de la niña Teresa, y cuando comprende que puede ganar el cielo para siempre, no se le presenta otra alternativa que ir a ese lugar, donde vivían los moros, con el deseo de ser mártir, como Cristeta, Sabina y Vicente.

"Pero el tener padres nos parecía el mayor embarazo", y aunque lo intentaron, se marcharon los dos hacia la puerta del río Adaja, no fue posible conseguir esa hazaña.


Una de las salidas de la ciudad de Ávila amurallada.


Su tío Francisco, consternado por la angustia de doña Beatriz, salió en su búsqueda. "Los vio en seguida, diminutos, agarrada la mano, con su hatillo, a mitad del puente". Y los llevó a casa, preguntándoles por qué han huido, que todos muy preocupados, desesperados buscándoles. Los niños callaban, cómo iban a contar esa historia, era su secreto, y aunque la aventura no resultó como ellos querían, nunca olvidaron que "pena y gloria eran para siempre...Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir muchas veces:¡para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la verdad". (V. 1, 4)

Fue tan grande la angustia de su madre, que al parecer de los historiadores no hubo castigo, solo una reprimenda. "Y que Rodrigo echó las culpas a su hermana: Ha sido la niña, quiso que nos fuéramos..." (José María Javierre)


Teresa dio alas a su imaginación infantil


Como no fue posible dar la vida por amor a Dios en tierra de moros, Rodrigo y Teresa crearon una ermita en la huerta de casa, con piedras y palos. Pero era una infraestructura tan desprovista de todo, que el fracaso en sus intentos de santidad, pronto bajó el ánimo de los niños.

Sentirse fracasada duraba poco tiempo, "lo bueno vino cuando la niña Teresa inventó nada menos que una orden religiosa, con monjas, reglas, horarios, vesticiones, locutorio, y ella naturalmente de abadesa" (Ibidem). Es indudable que en estos juegos participaban también sus primas y otras amigas, en la finca de Gotarrendura, donde todavía existe un palomar que tiene grabados en la pared signos religiosos como dibujos de altares, cruces, y las iniciales de Jesús y María.

Todo líneas trazadas en la argamasa mediante un hierro puntiagudo. Dice algún entendido que los trazos corresponden sin duda a la hechura propia del siglo XVI, y que se conservaron gracias a las capas de cal ahora erosionada por las lluvias. Sospechan con fundamento que estos dibujos fueron trazados de mano de Teresa y Rodrigo jugando a ermitaños. (José María Javierre)

Fin de la niñez


En el número seis del capítulo uno del libro de la Vida, Teresa, con pocas palabras nos cuenta lo que era su rutina de preadolescente. Mientras su madre se dedicada al cuidado de los pequeños, y embarazada de su última hija.

El padre gastaba las horas en la apacible tierra de Gotarrendura, hemos visto su ausencia de Ávila cuando sus hijos deseosos del martirio se escapan de casa.

La herencia de doña Teresa de las Cuevas a su hija Beatriz era lo más rico y extenso de ese lugar, y gran parte de las familias que allí vivían, servían a los Cepeda y Ahumada. Ahí está el solar donde existía la mansión, las caballerizas, el pozo, los graneros. Solo se conserva en pie el palomar donde podemos ver esos dibujos de niños, transformados hoy en una reliquia de los juegos infantiles de Teresa.

La imaginación de esta niña atrae a todos los niños, secundada por Rodrigo inventaban ese estilo de vida ermitaña, donde no faltaban los rosarios, las horas de silencio, lectura y otros rezos. "Hacer limosna como podía, y podía poco", dice la misma Teresa. Lo cierto es que era una esponja que todo lo absorbía.

A los diez años se produce ese cambio en su mente, que la conduce hacia la adolescencia. La chica vivaz, animosa, extremadamente sensible va descubriendo el mundo que la rodea, con una rapidez impresionante. Las lecturas que hace junto a su madre, contrariando la voluntad de don Alonso, a quien ya adulto, no le gustaban las novelas de caballería, pues en esa época estas novelas eran la entretención de todos los jóvenes cultos de la Península Ibérica.

No tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su labor, sino desenvolvíamos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. (V. 2, 1)

Cuando la Santa escribe: "desenvolvíamos", se refiere ese desembarazarse de los trabajos o del sufrimiento que su madre padecía. Teresa dice que para su madre no fue un daño este pasatiempo, sino más bien, a ella que se vio privada de la protección materna muy pronto, esas lecturas le llevaron a una afición descontrolada, pues su padre nada sabía, de saberlo, sin duda él no lo permite.

En estas andanzas termina Teresa su niñez, en medio de todo un acontecer histórico en la España del siglo XVI. Creo que es importante hacer una breve reseña de los acontecimientos que rodearon esta etapa de su primera infancia y niñez, para situarla en su idiosincracia propia, que sin duda han marcado todas sus tendencias personales que veremos más adelante en la trayectoria de su vida adulta.


Acontecimientos históricos


  • 1517 - 2 años: Cuando Teresa vive en sus dos años de vida, muere el Rey Fernando, el católico. Esto causó mucha inquietud en Castilla, pues el heredero de la corona era su nieto, un príncipe de diecisiete años, criado en el extranjero y no sabía el idioma español, se trata de Carlos, hijo de la Reina Juana, viuda del rey Felipe, el hermoso. Además, Carlos ostentaba el título de Emperador de Alemania. El gobierno de este monarca marcó la primera etapa de la vida de Teresa.

  • 1519 - 5 años: El 28 de junio de 1519 le votan a Carlos como Rey de Romanos, Emperador de Alemania, y además era archiduque de Austria, soberano de Castilla, de Aragón, de Nápoles y del nuevo mundo, las tierras americanas. Avila se había convertido en capital de la rebelión de los comuneros. Era una organización cuyo fin era defender los derechos del pueblo frente a un poder real que necesitaba sus impuestos para subsistir. ¿Despertó en Teresa, siendo tan pequeña, ese afán de interesarse por todo lo que sucedía a su alrededor? Dos años después ya estaba dispuesta a morir como mártir.

  • 1523 - 8 años: Muere el Papa Adriano VI, último pontífice no italiano, antes de Juan Pablo II, era amigo del emperador Carlos V, quien le nombró regente de Castilla durante la guerra de los Comuneros. Su pontificado duró solo un año. Si Ávila era la capital de la rebelión de los comuneros, sin duda la niña Teresa se involucraba en la tensión que ello provocaba.

  • 1525 - 11 años: Matrimonio del Emperador Carlos V con su prima, la Princesa Isabel. La boda se celebró en Sevilla durante la primavera. El cortejo nupcial de la novia se inició en Lisboa, donde vivía junto a sus padres, el Rey Manuel I de Portugal, y María, cuarta hija de los Reyes Católicos. Para la imaginación de Teresa, este acontecimiento era un aliciente que hizo posible guardar en su memoria muchos argumentos que constituyeron después su propia novela de caballería.

  • 1526 -12 años: Enfrentamiento del ejercito español con el Papa Clemente VII. En las veladas familiares saldrían estos temas de conversación, que inquietaban a todos los abulenses católicos, por tratarse de un Pontífice de la Iglesia.


Conclusión


La pequeña Teresa, amada por todos, con una imaginación capaz de mover hasta las piedras, asidua lectora de las vidas de santos, lecturas que imprimieron en su alma el camino de la verdad. Un chica criada en una ciudad amurallada, regida por un gobierno monárquico. Una niña en el centro de doce hermanos, sin una hermana que haya sido su compañera de juegos, y que sin duda es la razón de poseer un carácter varonil, fuerte, decidida.

Esta es Teresa, desde su nacimiento hasta la edad de la preadolescencia, José María Javierre, el Padre Efrén de la Madre de Dios y sus propios escritos en el libro de la Vida, nos han acercado al escenario de sus primeros años. Demos gracias a Dios que hizo posible su paso por esta tierra, dejándonos tantas gracias y bendiciones a todos.




Ávila en este invierno, febrero de 2024.

La ciudad que guarda en su memoria la historia de esta niña, protagonista de este artículo, el primero de varios dedicados a ella este año, con el fin de arraigarnos aun más en su figura.







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