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San José, esposo de la Virgen María



Hoy, 19 de marzo, deseo compartirles unas letras sobre San José, en sus múltiples facetas, en su silencio y su actuar en la sagrada familia de Nazaret. La Iglesia Católica celebra la “Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María”.

Dios le concedió el privilegio y la bendición de tomar como esposa a María y criar a su Hijo, le dio el privilegio de ser custodio de la Sagrada Familia y de acompañar en el silencio. Miremos a la sagrada familia, nace en la pobreza, vive momentos de dificultad y dolor, pero aun así, Jesús, María y José, caminan, crecen y viven la santidad desde la cotidianidad.


Un comienzo complicado

Recordemos lo que el Evangelio de Lucas nos relata en la anunciación del ángel Gabriel a María, ella se va a acompañar a su prima Isabel y estuvo con ella unos tres meses. Aunque no lo dice explícitamente la Biblia, podemos entrever que luego de tres meses, José estuvo esperando a María, su prometida, ella llega con el embarazo ya avanzado. Suponemos la sorpresa de José, ante aquella noticia; la escritura nos dice que cuando se enteró, quiso despachar a María discretamente, y le da un adjetivo, “hombre bueno”. 

José es un hombre bueno, que tiene bondad en el corazón, que actúa con rectitud, no quiere juzgar a María, no desea castigar, aunque la sociedad de esa época y la ley pedía que se repudie, que se castigue. Él rompe el molde y actúa con bondad, pero también con apertura a la voz de Dios, y Dios le habla al corazón, envía a su ángel para advertirle que no tema, que confíe en los planes de Dios, la oración de su corazón encuentra la respuesta en sueños, al despertar decide tomar  como esposa a María. Acogió con confianza la gracia divina, sin duda en el desconcierto, y se lanzó a confiar y abandonarse en Dios, sin mirar atrás. 

En nuestras vidas, muchas veces nos preocupamos por temas concretos, por situaciones difíciles, por decisiones que pueden afectar no solo a nosotros y nuestra realidad sino también a otros, y en esa situación se encontraba José. Al ser hombre bueno, no actuó con imposibilidad, sino que hizo pasar su vida por la oración, dejó pasar los problemas y las decisiones que debía tomar en ese diálogo con Dios y obtuvo respuesta. Es un ejemplo para nosotros, para confiar en Dios aun en esas decisiones difíciles, donde quizás no vemos salida, abrámonos para escuchar a Dios. 


Una vida llena de confianza

Siguiendo el paso de la sagrada familia, vemos como pasan por muchas vicisitudes, muchas complicaciones, dificultades que quizás también pasan hoy las familias, padres buscando refugios para sus pequeños, padres que deben optar por un nuevo comienzo en tierra extranjera, padres que buscan incansablemente a sus hijos extraviados, etc.

Podemos contemplar las muchas estampas de la Sagrada Familia y hallar resonancias en las familias actuales, por ello es apremiante contemplar a José como ejemplo en nuestra realidad hoy, una confianza que asusta muchas veces, porque es confiar en la noche. Contemplemos la huida a Egipto de la sagrada familia, las escrituras nos dicen que un ángel advirtió a José que el niño estaba en peligro y le pidió uír a Egipto, José se levantó y aquella misma noche partieron a Egipto; con prisa José no pudo tomar más que a la madre y al niño y comenzó el camino de huida, un camino muy peligroso, donde abundaban los ladrones,  las noches era gélidas y los días abrazadores. Donde el desierto y sus tormentas de arena, aún hoy no permiten sobrevivir por muchos días, una ciudad nueva, donde nadie conocía su trabajo, donde deberían comenzar a construir su casa, sus vidas. Pero José hombre de oración, no sólo de acción, confía en la voluntad de Dios y sabe de su providencia. Su ejemplo nos llama hoy a confiar en su providencia amorosa de Dios y en el paternal cuidado que nos brinda. 

Invitados a confiar en la intercesión de San José

Santa Teresa de Jesús nos invita a confiar en la intercesión de San José, y nos cuenta su propia experiencia con él, que comienza en su juventud, cuando estaba enferma y postrada en cama, lo cuenta así: “‘Como me vi tan (enferma), y en tan poca edad, y cuál me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen… y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendame mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir.”  y hoy en el día que la Iglesia recuerda a San José nos vuelve a insistir, “Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud… Paréceme ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida.”

Acerquémonos a San José, custodio de la sagrada familia, trabajador silencioso y padre amoroso, observemos su vida, contemplemos su hacer, descubramos en él un abogado e intercesor y junto con él sigamos a su hijo amado, Jesús.


Oración a San José

Salve, custodio del Redentor

y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo,

en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,

muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía,

y defiéndenos de todo mal. Amén.

 

(Papa Francisco, Patris Corde)

 


[1] Lc 1:56

[2] Mt 1:18-19

[3] Mt 1.24

[4] Mt 2.13

[5] Vida 6

 
 
 

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