Cristo nuestra esperanza
- Manuel Solórzano
- hace 8 minutos
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Nuevamente el ser humano ha contemplado el cielo y ha ido en búsqueda de nuevos horizontes y se ha lanzado a la luna. Ante las imágenes que gracias a la tecnología que tenemos en este siglo, hemos podido acompañar a esos tres hombres y una mujer, que se lanzaron al encuentro de la luna.
La oscuridad del infinito es lo que más realza en las fotos o videos, y nos puede brotar desde nuestro interior ¿Qué más hay? ¡Somos pequeños! Somos finitos. Sabemos que llegará un fin y ese fin debemos verlo a la luz de fe.
Ahora que hemos celebrado la pascua, que mejor momento para meditar en nuestra finitud con la homilía del Papa León XIV, el domingo de pascua.
“¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!”, es esto lo que da sentido a la vida del creyente, y “Este anuncio pascual abraza el misterio de nuestra vida y el destino de la historia, y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte, por los cuales nos sentimos amenazados y a veces abrumados…Este es un mensaje que no siempre es fácil de acoger, una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera”.

Desde dentro de nosotros, nos dice el Papa, “cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas; cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir; cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados; cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada día, entonces nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida”.
Y desde fuera de nosotros, “la muerte siempre acecha. La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye”.

“En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón... Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jesús está vacío, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay también espacio para una nueva vida que surge. El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida. Estamos
orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado”.
Es por ello dice el Papa, que “la Pascua del Señor nos da esta esperanza, recordándonos que en Cristo resucitado una nueva creación es posible cada día… La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario”.
Para finalizar su homilía, el Papa exhorta que en este tiempo necesitamos este canto de esperanza y que “somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo. Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida”.



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