Los nuevos beatos


Unos días después de la beatificación, en El Salvador, de Nelson Lemus y Manuel Solórzano, y los sacerdotes Rutilio Grande S.J. y fray Cosme Spessotto OFM., celebramos en el domingo pasado el domingo de “la palabra de Dios”, y para hablar de ellos seguiremos la homilía pronunciada por el Papa Francisco en la basílica de San Pedro. La homilía se centró en dos premisas: “la Palabra nos revela a Dios y nos lleva al hombre”.




La Palabra nos revela a Dios.

Ante esta premisa es importante preguntarnos: ¿Qué Dios es al que nos revela? A Un “Dios [que] es cercano y quiere cuidar de mí, de ti, de todos. Y este es el modo de tratar de Dios: la cercanía. Él es un Dios cercano, compasivo y tierno, quiere aliviarte de las cargas que te aplastan, quiere caldear el frío de tus inviernos, quiere iluminar tus días oscuros, quiere sostener tus pasos inciertos. Y lo hace con su Palabra, con la que te habla para volver a encender la esperanza en medio de las cenizas de tus miedos, para hacer que vuelvas a encontrar la alegría en los laberintos de tus tristezas, para llenar de esperanza la amargura de tus soledades.” Dice el Papa Francisco.


Esta cercanía muchas veces necesitamos verla hecha vida, necesitamos que esta palabra encontrarla hecha carne y es en los Santos donde nos encontramos la experiencia de Dios. El Cardenal Rosa Chávez, fue el delegado por el Papa para la proclamación de estos nuevos beatos y en un momento se su homilía contó una anécdota sobre la primera y única vez que conoció al Beato Cosme: “a fray Cosme lo encontré una sola vez. Cuando llegó al seminario y me pidió que le mostrara los barriles de vino que servían para las misas de todo el país, en nuestra breve charla me contó que su padre era un viñador y que el vino es un organismo vivo. Para ilustrarlo me recordó las palabras de Jesús a vino nuevo dores nuevos”. Los santos son aquellos que se lo ordinario hacen lo extraordinario y que se graban en lo profundo de nuestra alma.




La Palabra nos lleva a los hombres

“La Palabra nos impulsa a salir fuera de nosotros mismos para ponernos en camino al encuentro de los hermanos con la única fuerza humilde del amor liberador de Dios… La Palabra de Dios nos invita a salir al descubierto, a no escondernos detrás de la complejidad de los problemas, detrás del “no hay nada que hacer” o del “¿qué puedo hacer yo?” o del “es un problema de ellos o de él”. Nos exhorta a actuar, a unir el culto a Dios y el cuidado del hombre”. Ante estas palabras del Papa Francisco es imposible no relacionarnos con las del Padre Rutilio: “No vale decir 'sálvese quien pueda, con tal de que a mí me vaya bien'. Nos tenemos que salvar en racimo, en mazorca, en matata, o sea en comunidad”. Que más prueba que el Padre Rutilio entendía que no estamos aislados, que al tener la experiencia de Dios el vivir para los otros es llevar en vida ese de quien nos habla la Palabra.


Estos dos aspectos, encontrarnos con y salir hacia, marcaron las vidas tanto fray Cosme como el padre Rutilio vivieron para sus parroquias. Prueba de ello es el fruto que hasta el día de hoy sigue floreciendo en sus comunidades parroquiales.


No podemos olvidar que los cuatro nuevos beatos son mártires quienes entregaron su vida mientras El Salvador vivía la guerra civil que duró más de 10 años. “La sangre derramara por nuestros mártires asociada a la del sacrificio de Cristo en la Cruz es germen de reconciliación y de paz”, expresaba el Cardenal Rosa Chávez, ellos son los que, y que a pesar de la humanidad supieron acogerse a la voluntad de Dios, bien expresada en las palabras de fray Cosme “Morir mártir es una gracia que no merezco.” Palabras escritas por él al comprender que su vida se encontraba en peligro.


Nelson y Manuel comprendieron las palabras del Padre Rutilio: “Ahora, mis queridos amigos y hermanos, permítanme, después de haber escuchado la Buena Noticia de la Palabra de Dios en el evangelio, decirles estas cosas. Formamos parte de una Iglesia formada por seglares -la mayoría del Pueblo de Dios son ustedes. Y si estamos encaramados aquí nosotros en este graderío, no tiene razón de ser nuestro ministerio si no en función de ustedes… el Señor no pasaba indiferente ante el dolor humano. ¡De ninguna manera! El Señor daba el pan, multiplicaba el pan. Es decir, su palabra era acción, como en la Biblia se entiende: La palabra es acción. El mismo es la Palabra del Padre, es acción. No se detuvo en el camino nunca.

Amigos míos: Como Cuerpo Eclesial, la Iglesia y cada uno de los que la componemos somos profetas. Como cuerpo eclesial somos continuadores de la misión de Jesucristo. Este cuerpo que es la Iglesia, y que abarca comunidades enteras, tiene como tarea anunciar y hacer posible un ambiente favorable al Reino de Dios aquí, en este mundo. Hay que encarnar los valores del Reino en las realidades de nuestro país para transformarlo eficazmente, como la levadura transforma la masa.”

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