Lo conocí en Quimilí
- Valentína Díaz

- 27 dic 2025
- 3 Min. de lectura
A veces creo que Dios se esconde en los lugares más chiquitos, en el vapor del mate temprano, cuando la casa todavía está dormida y el piso cruje con los pasos que no quieren hacer ruido.
Mi abuela dice que Dios ve todo, y yo pensaba que era una forma de asustar. Pero ahora entiendo que quizá es su manera de decir que Él nada se pierde, ni siquiera los gestos más pequeños, ni los pensamientos que nunca dije en voz alta.

Pero lo entendí de verdad en Quimilí, cuando fui a misionar. Fui pensando que iba a llevar algo, palabras, ayuda, consuelo. Y fue Él quien me estaba esperando allá, para mostrarme que el amor se comparte. Que nada es mío y todo es regalo Suyo. Que al Cielo se llega sólo por amor.
Eran días de sol fuerte y tierra que volaba, de caminos largos y casas abiertas. Los niños corrían descalzos, sus risas rompían el calor del mediodía y llenaban el aire de vida. En las casas sobraban mates y tortillas recién hechas para compartir, bastaba arrimar una silla, para hacernos parte de la charla y del abrazo de la tarde.
Muchos tenían historias duras, vidas atravesadas por la falta o por la enfermedad. Pero había algo en ellos que me desarmaba por dentro. Quizá era su alegría silenciosa, quizá su fe sin explicaciones. Su manera de compartir, su sonrisa encantadora que iluminaba el monte. Su manera de recordarme que debo hacerme niña como ellos para acercarme al Señor. De re-descubrir que en Él soy lo mejor de mí.
Una nena me tomó la mano un día. Me miró fijo, con esa inocencia que todo lo ve, y me dijo: “seño, te late el corazón.”
Me quedé quieta. Ella sonrió, como si hubiera descubierto algo importante. Y en ese instante entendí que sí, que era verdad. Me latía el corazón, y en cada latido estaba Dios.

Ahí, en medio del calor y el polvo, Él se me hizo presente de la forma más sencilla, en la voz de una niña que me recordó que estaba viva, que el amor todavía respiraba dentro mío.
Vi a Dios en esas manos pequeñas que me pintaban de colores, en los juegos que terminaban en abrazos, en las madres que servían lo poco que tenían, en los abuelos que sonreían aunque les doliera el cuerpo. Vi a Dios en la fe de los que no tenían nada y aun así lo agradecían todo. En las familias que rezaban por salud, en los enfermos que ofrecían su dolor con esperanza. Entendí que la fe no siempre sana el cuerpo, pero siempre abraza el alma.
Cada tarde, cuando el sol se escondía, el cielo se teñía de naranja y silencio. Ahí, en ese momento, sentía que algo dentro mío se acomodaba. Ya no era solo yo la que hablaba de Dios, era Él quien me hablaba a través de ellos. Entendí que Él es por y para quién son todas las cosas. Qué mejor que contemplar es transmitir lo contemplado. Entonces supe lo que San Juan de la Cruz susurró: “a la tarde te examinarán en al amor.”
Tal vez Dios no sea algo que se busca, sino algo que se reconoce. Una chispa escondida en lo más hondo, esperando que me detenga y mire hacia adentro.
En Quimilí lo reconocí en mí. En esa paz después del cansancio, en la ternura que me dolía de tan real,en el latido que me recordaba que mientras haya amor, habrá presencia. El encuentro con la persona de Jesucristo, que nos revela el amor de Dios, es capaz de transfigurar nuestra vida, de darle nuevos horizontes, de cambiarla profundamente. Porque quien se descubre amado verdadera, pura y gratuitamente, no puede devolver sino amor con amor. Dar gratuitamente lo que gratuitamente ha recibido. Porque amor sólo con amor se paga.
Quiero ser dueña de un corazón humilde, empapado en caridad. O no tener nada, ¡mejor aún!. Ser solo suya, y que en mi sonrisa se escape Su luz. Porque sí. Me late el corazón y en cada latido, sé que Él sigue ahí. Porque la alegría es consecuencia del Amor. Y de misión es donde soy más feliz.
La autora del Primer lugar

Soy Valentina Díaz, tengo 20 años y soy argentina. Asistí a las Escuelas Pías y esa es mi experiencia más transformadora. Allí conocí a Dios, arranqué a ir de misión para ayudar a los niños y a los pobres. Estoy estudiando periodismo hoy en día. Y quiero dedicarme sobre todo a la parte escrita.



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