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Adviento, preparación para nuestra boda eterna

Sabemos que el advenimiento es el tiempo de preparación para la llegada del Mesías, la espera es una de las características fundamentales de este tiempo, sobre todo el hecho de saber esperar, pues no debe ser una actitud pasiva.



Algunos antecedentes

La llegada del Mesías se remonta a una promesa realizada por Dios siglos atrás desde la época de la Monarquía; anterior a ella el pueblo de Israel se regía bajo un régimen teocrático, es decir que eran gobernados por Dios a través los jueces suscitados por él y reconocidos por ser hombres e incluso mujeres, llenos del Espíritu Santo. En el devenir de la historia, los israelitas se compararon con los pueblos vecinos que eran gobernados por un rey y en su deseo de ser como ellos pidieron a Samuel, (mediador entre el juez de turno y Dios) un rey. 


En 1 Samuel 8, ss, se les hace saber a los israelitas las consecuencias de tener un rey:


Estos son los derechos del rey que los regirá: él tomará a los hijos de ustedes y los destinará a sus carros de guerra y a su caballería y ellos correrán delante de su carroza, los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y para recoger su cosecha, como fabricantes de armamentos y de arneses para sus carros. A sus hijas las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Les quitará sus mejores campos, viñas y olivares para dárselos a sus ministros.


Exigirá el diezmo de los sembrados y las viñas, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A sus criados y criadas, a sus mejores burros y bueyes se los llevará para usarlos en su hacienda. De sus rebaños les exigirá diezmos. ¡Y ustedes mismos serán sus esclavos!


Así como lo describen las advertencias dadas al pueblo a través de Samuel, sucedieron en la historia situaciones de esclavitud para ellos, el poder genera sometimiento, la historia de los reyes la encontramos en los libros de Samuel, Reyes y Crónicas.


El primer rey fue Saúl, al principio lleno del Espíritu Santo, pero en el transcurso se aleja completamente de la voluntad de Dios, es infiel a su Palabra y se empeña en hacer las cosas a su manera, su reino fracasó, le sucedió David, un hombre según el corazón de Dios, considerado como rey ideal y prototipo del Mesías, sin embargo se deja seducir por sus pasiones y experimenta el pecado, tomó a Betsabé la esposa de Urías uno de sus soldados y procedió de manera astuta; a diferencia de Saúl, David reconoce ante Dios su falta y asume las consecuencias, conoce el perdón de Dios por su humildad.


La promesa de una dinastía


David, el rey según el corazón de Dios, es portador de la promesa de la dinastía sin fin, de la cual procede el Mesías, así lo atestigua 2 Samuel 7, 11-19:


El Señor te comunica que te dará una dinastía. Y cuando hayas llegado al término de tu vida y descanses con tus antepasados, estableceré después de ti a un descendiente tuyo, nacido de tus entrañas y consolidaré su reino. Él edificará un templo en mi honor y yo consolidaré su trono real para siempre. Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes, como lo hacen los hombres; pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, y al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán para siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.

El contexto anterior a este texto narra la intención de David de construir para el Señor un templo, un lugar estable de adoración, como respuesta a ello, a través del profeta Natán el Señor le hace saber a David que es Dios mismo quien puede darle a él mucho más que una estabilidad y ahí le promete perpetuar su dinastía, pero no al estilo de los hombres, sino un reino con características diferentes y con capacidad de reestablecer la dignidad humana. 


Pasaron siglos para la consolidación de ese reino y posterior a David y su hijo Salomón, la monarquía se dividió cuando Roboam el hijo de Salomón impuso más cargas al pueblo, el reino de Israel quedó dividido en dos: Al norte Israel cuya capital era Samaría, allí 19 reyes se repartieron 9 dinastías distintas, y al sur Judá cuya capital era Jerusalén, 20 reyes pertenecientes a una sola dinastía (davídica) gobernaron.


Esta fragmentación generó crecimiento a nivel económico, a su vez desigualdad social, prácticas de las religiones cananeas, magia, superstición, adoración a otros dioses y más ambición; como consecuencia de todo hubo destrucción y deportación, los israelitas fueron exiliados a tierra extranjera. En medio de esta realidad, los profetas, especialmente Isaías, se encargaron de recordar la promesa de un reino sin fin y contrario a los reinados hasta el momento conocidos, veamos por ejemplo Isaías 11, 1-10:


Pero retoñará el tocón de Jesé de su cepa brotará un vástago sobre el cual se posará el Espíritu del Señor: espíritu de sensatez, e inteligencia, espíritu de valor y de prudencia, espíritu de conocimiento y respeto del Señor.

Lo inspirará el respeto del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará solo de oídas; juzgará con justicia a los desvalidos, sentenciará con rectitud a los oprimidos; ejecutará al violento con el cetro de su sentencia y con su aliento dará muerte al culpable. 

Se terciará como una banda la justicia y se ceñirá como fajín la verdad. Entonces el lobo y el cordero irán juntos, y la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león engordarán juntos; un chiquillo los pastorea; la vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas, el león comerá paja como el buey.

El niño jugará en agujero de la cobra, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo, porque se llenará el país de conocimiento del Señor, como colman las aguas el mar. Aquel día la raíz de Jesé se levantará como una bandera para los pueblos: a ella acudirán las naciones y será gloriosa su morada. 


La promesa del Mesías está ligada a la voluntad salvífica de Dios para todos los hombres, en la época monárquica y el exilio, el contexto de vida era división, injusticia social, idolatría, toda forma de abuso de poder. Estas circunstancias se dieron por la decisión de los reyes de hacer todo lo contrario a la voluntad de Dios, vivir alejados de su presencia, dejarse dominar por la ambición y el deseo de poder, el único camino era la intervención de Dios, quienes sufrían bajo el mando de los malos reyes recibieron una voz de esperanza a través de los profetas, como Isaías, que anunciaron la llegada del Mesías cuyo reino prometía liberación y restitución de la justicia perdida, la armonía, la fecundidad de la tierra, es decir recuperar el estado de paraíso.


La promesa del Mesías sostenía al pueblo


Mesías, significa el ungido, el hijo de Dios, el sufrimiento de los israelitas tanto en la época de la monarquía dividida como en el exilio ahondaron en el deseo de la llegada del Mesías, esta esperanza se mantuvo por siglos y se sostuvo por la fe, la oración y la meditación de las Escrituras. Una característica importante que preparaba su llegada era la invitación de los profetas a la conversión, este llamado llega a su culmen con Juan Bautista, quien con autoridad de Palabra en el desierto realzará la necesidad de dar este paso:


En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea, proclamando:


Arrepiéntanse, que está cerca el reino de los cielos. Éste es a quien había anunciado el profeta Isaías, diciendo:


Una voz grita en el desierto: Preparen el camino al Señor, enderecen sus senderos.


Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de la región del Jordán, y se hacían bautizar en el río Jordán por él, confesando sus pecados. 

Al ver muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara, les dijo: ¡Raza de víboras! ¿Quién les ha enseñado a escapar de la condena que llega? Muestren frutos de sincero arrepentimiento y no piensen que basta con decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo les digo que de éstas piedras puede sacar Dios hijos para Abrahán. El hacha ya está apoyada en la raíz del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua en señal de arrepentimiento; pero detrás de mí viene uno con más autoridad que yo y, yo no soy digno de quitarle las sandalias.Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3, 1-11)


Como en la época de la predicación de Juan Bautista, el adviento hoy es una oportunidad en nuestra vida, porque necesitamos cambiar nuestra manera de ver, estamos sometidos a otras soberanías, por ejemplo, a nuestras pasiones, vicios, pecado, injusticia e incluso a la desesperanza, la violencia, la división política, etc. Las dificultades de la vida familiar y personal, social, entre otras nos dejan un sinsabor, vivimos como exiliados de la fe, la alegría, la esperanza, la capacidad de soñar, la fraternidad, la paz, nos hemos debilitado espiritualmente por la tentación del desánimo.


La promesa realizada se actualiza


El adviento es un alto en el camino, para caer en la cuenta de que no estamos solos, Dios nos promete su presencia para fortalecernos, alimentarnos, llenarnos de su Espíritu Santo, alegrarnos, hacer de nosotros mejores seres humanos,desde los pequeños actos de solidaridad y caridad fraterna podemos mejorar nuestro entorno, dejar ver al prójimo que sufre, el rostro del Divino Amado y encontrarlo a él escondido en la pequeñez de los hermanos. El deseo de Jesús es nacer en nuestros corazones, reinar en los pensamientos, sentimientos, voluntad, ser el horizonte de todo proyecto de vida y conducirnos por caminos de liberación.


¿Cómo prepararnos para su venida?


  • Oración constante

  • Escuchando y meditando la Palabra de Dios 

  • Determinándonos a la conversión

  • Deseando su presencia y disponiendo el corazón a dejarnos liberar y transformar.

  • En actitud de esperanza sobre nuestros sufrimientos, confiados en que el Mesías como soberano de nuestra vida tiene la última Palabra.

  • Practicando la justicia con el que sufre.

  • Procurando de nuestra parte la armonía en la convivencia.

  • Pidiendo constantemente la asistencia del Espíritu Santo para configurar nuestro corazón con el de Jesús: Espíritu de sensatez e inteligencia, espíritu de valor y de prudencia, espíritu de conocimiento y respeto del Señor. 


Embellecer el alma para la boda eterna


La novia se embellece para su boda, la Iglesia es la esposa de Cristo, el cordero, el alma como novia también debe embellecerse para su unión plena con Cristo, es decir prepararse hacia el encuentro definitivo con Él. Como dice Santa Teresa de Jesús: “El orante queda “hecho una cosa con Dios (… ) porque de tal manera ha querido juntarse con la criatura, que así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M2,3).


La unión del alma con Dios desde aquí se vive dándole a él el trono del corazón, la soberanía de nuestra voluntad, pensamientos, sentimientos, actos y el curso de nuestra vida en adelante, todo esto se convierte en un estilo de vida; así mismo el adviento debe ser una manera de vivir constantemente, una expresión del corazón manifestada en acciones concretas donde abiertamente decirnos “Ven Señor Jesús”:


“El Espíritu y la novia dicen: Ven. El que escuche diga: Ven. Quien tenga sed venga, quien quiera recibirá sin que le cueste nada agua de vida… El que atestigua todo esto dice: Sí, vengo pronto. Amén. Ven Señor Jesús”. (Apocalipsis 22, 17.20).

El adviento es el tiempo que se nos regala para embellecer nuestra alma y dejarnos irradiar por el amor de Dios para recibirlo y ser recibidos en el abrazo eterno y gozar de su gloria.

Hoy necesitamos ser liberados de otras esclavitudes, necesitamos restauración, aprovechemos este tiempo de gracia y vivamos atentos al misterio de la Palabra de Dios y dispuestos a la contemplación.


Bibliografía


Schökel, L. La Biblia de Nuestro Pueblo. Biblia del Peregrino. América Latina. Ed. Mensajero.



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