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¿Cómo hacer un examen de conciencia con San Juan de la Cruz?

Resumen: Prepararse bien para la confesión es un paso fundamental en la vida cristiana. Sin embargo, muchas veces reducimos el sacramento de la reconciliación a un simple trámite espiritual. En este artículo te propongo realizar un examen de conciencia inspirado en la espiritualidad de San Juan de la Cruz, para vivir la confesión como un verdadero encuentro de amor con Dios.


Debo reconocer que, como sacerdote joven y con poca experiencia, aún me genera un choque interno -algo así como que se me retuerce el corazón- cuando alguna persona, cinco minutos antes de la Eucaristía, se acerca apresurada a la sacristía y me dice “¡padre, necesito que me confiese para poder comulgar!”. Esta frase y todas sus posibles variantes son, desde mi perspectiva, una manifestación del camino que aún nos falta por recorrer para llegar a entender el Sacramento de la Reconciliación desde la perspectiva del Amor. 

El problema es que seguimos pensando la confesión como un trámite espiritual. La idea de fondo es “necesito lavarme las manos para poder comer”, y esto a mí me suena muy farisaico: “¿Por qué tus discípulos incumplen la tradición de los antepasados? Pues no se lavan las manos a la hora de comer” (Mt 15,2). La respuesta que Jesús da a los fariseos no sólo nos ilumina, sino que deja en evidencia la superficialidad con la que muchas veces vivimos: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mt. 15,8). 


La confesión es un tema del corazón, no de los labios. Y, aunque evidentemente hay algo de legal en ella, el fondo y el sustento del sacramento se encuentra en la relación, no en la ley. ¿Quién es Jesús para mí y qué relación estoy teniendo con Él? ¿Es Jesús verdaderamente un amigo? (Jn 15,15). Porque la confesión es, ante todo, un reencuentro de amor, una reconciliación en el vínculo/gracia.  


Toda esta larga introducción para decirte que quiero aprovechar este Año Sanjuanista y este tiempo de cuaresma, para invitarte a realizar un examen de conciencia más profundo, guiados por la finura espiritual de nuestro Doctor Místico, San Juan de la Cruz. No es mi intención presentar una lista sin fin de pecados (ya hay muchas de esas, ¡tristemente!), sino de descubrir dónde hemos dejado de amar para volver a buscar a Dios como amigo y Amado.



1. El criterio principal "A la tarde te examinarán en el amor"

Antes de mirar tus pecados, piensa en el Crucificado... ¿Qué dice Jesús? ¿Qué hace Jesús? En la Cruz Jesús perdona y salva, ¡y lo hace por amor!  San Juan de la Cruz nos regala dos afirmaciones fundamentales para nuestra reflexión: 


  1. “de Dios no se alcanza nada si no es por amor”: Piensa un poco... Vienes a pedir perdón porque amas y eres amado. Es una de las certezas más bellas de nuestra fe. El Sacramento de la Reconciliación es un momento privilegiado para experimentarlo.

  2.  “la salud del alma es el amor de Dios”: Vienes a buscar salud, ¡salvación! Y tu salvación es que Dios te ha amado. 


Pregunta clave: Entonces, interpélate con sinceridad ¿Vengo a confesarme por amor o sólo por temor, costumbre o cumplimiento legal?


Propósito: No busques solo "limpiarte" para comulgar; busca restablecer tu relación con Él. En tu oración di al Señor que eres consciente de su amor y que quieres aprender a amar.


2. El Camino de las Virtudes Teologales

Lo fundamental en nuestra vida de fe no es dejar de pecar, sino unirnos a Dios. El pecado es la barrera que impide esta unión y debemos superarla, pero la meta siempre es el encuentro con Él. Todavía existen cristianos que creen que su vida es perfecta porque 'no pecan'; pensar así no solo reduce la fe a lo más básico, sino que resulta espiritualmente mediocre.


Es por esto que los místicos, como san Juan de la Cruz, nunca se centran en el pecado, sino en el amor. Para ellos las virtudes -La fe, la esperanza y la caridad- son los "medios" para unirnos con Dios. Si lo importante es unirnos con Dios, entonces necesitamos evaluar si verdaderamente estamos caminando hacia Él.


  • Fe: ¿Creo lo que la Iglesia nos enseña como verdades de fe? ¿Vivo de acuerdo con lo que creo, incluso en mis momentos de "Noche Oscura" y sequedad? ¿Es mi relación con Jesús auténtica y personal?

  • Esperanza: ¿Mi seguridad descansa en mis propios méritos o me abandono en las manos de Dios cuando llega el desánimo? ¿Creo en la bondad de Dios?

  • Caridad: ¿Amo a Dios y a los demás desinteresadamente o busco siempre mi propio beneficio disfrazado de bondad o piedad?



3. Los apegos ¿Dónde está mi corazón?

Recordemos que estamos examinando nuestra vida desde el amor. Quien verdaderamente ama centra su corazón en el Amado, y no encuentra nada que sea más valioso que ese amor. 


San Juan de la Cruz dice que nuestro corazón puede apegarse a realidades que no son Dios, y esto desvirtúa la relación. Este tema de los “apegos” siempre ha sido un problema en la historia de salvación, pues de una u otra manera nos hacen terminar en idolatría.Existen seis tipos de bienes que puede robar el amor que debemos a nuestro Señor:


  1. Bienes Temporales: Son las riquezas materiales (dinero, terrenos, vehículos), los títulos (carrera, profesión, puesto laboral), e incluso familiares (matrimonio, hijos, estatus social). Aquí debo preguntarme: 

    1. ¿Mis posesiones materiales o títulos profesionales ocupan el lugar que le corresponde a Dios?

    2. ¿Mi familia y mis relaciones son un medio para honrar a Dios o le roban el lugar que Él debe tener en mi corazón?

  2. Bienes Naturales: Los bienes naturales son la belleza física, la inteligencia, los dones intelectuales o artísticos, buena complexión física, etc. Me pregunto:

    1. ¿Me envanezco por mi apariencia, mi salud o mi inteligencia, sintiéndome superior a otros?

    2. ¿Utilizo mis capacidades para hacer crecer mi ego o para servir a Dios?

  3. Bienes Sensuales: Los bienes sensuales son aquellos que están directamente relacionados con los sentidos (vista, olfato, gusto, tacto, oído) y la imaginación. Entonces me pregunto: 

    1. ¿Busco el placer (comida, comodidad, sexualidad) como un fin en sí mismo, olvidando glorificar a Dios con mis sentidos?

    2. ¿Soy capaz de apreciar en la belleza de la creación la presencia de Dios para glorificarlo?

  4. Bienes Morales: Aquí están incluidas todas las virtudes humanas y cristianas: el respeto, la solidaridad, la búsqueda del bien común, el cumplimiento de la ley de Dios, etc. Aquí es importante aclarar que, aunque estas realidades son buenas en sí mismas, San Juan de la Cruz dice que son valiosas para nuestra vida espiritual sólo si están orientadas hacia Dios:

    1. ¿Practico las buenas obras para glorificar a Dios y extender su reino o sólo para ser reconocido?

    2. ¿Cumplo los mandamientos y vivo la voluntad de Dios por amor a Él o sólo para sentirme orgulloso de mí mismo?

  5. Bienes Sobrenaturales: En esta categoría debemos reflexionar sobre los dones que Dios da: don de lenguas, discreción de espíritus, don para sanar, etc. Aunque son dones de Dios, no podemos ponerlos antes que al mismo Dios, ni debemos buscarlos como si fueran la meta de nuestro camino:

    1. ¿Le pido a Dios señales extraordinarias para creer en Él?

    2. ¿Ando buscando constantemente milagros y cosas sobrenaturales para sentir que tengo fe?

    3. ¿Presumo de mis dones espirituales o me vanaglorio de ellos como si los hubiera adquirido por mis fuerzas?

  6. Bienes Espirituales: Estos son todos los bienes ordinarios que Dios nos da para poder crecer en nuestro camino de fe. Pueden ser imágenes, rosarios, novenas, sacramentos, libros espirituales, etc.

    1. ¿Busco a Dios solo por el bienestar que me produce? 

    2. ¿Me he apegado a objetos (imágenes, libros, rosarios) de forma desmedida? 

    3. ¿Critico a otras personas por su forma de vivir la fe, la oración o la liturgia?



4. Las imperfecciones "sutiles" de los cristianos

A veces, quienes más buscan a Dios caen en lo que San Juan llama "imperfecciones de principiantes". Son los siete pecados capitales vividos en el plano espiritual y aquí es donde más debemos examinarnos los cristianos que vamos avanzando en el camino de la fe.


Esta reflexión es muy importante, porque ordinariamente creemos que todo lo que es “religioso” o parece espiritual es bueno. San Juan de la Cruz nos recuerda que en la vivencia de la espiritualidad también se mezclan y aparecen nuestros pecados e inclinaciones negativas: 


  • Soberbia espiritual: ¿Me gusta que otros vean lo "santo" que soy? ¿Me molesto cuando me corrigen o cometo un error/pecado en público? ¿Creo tener la razón en todas las cosas relacionadas con la fe? ¿Acostumbro a “maquillar” mis pecados cuando me confieso para que el sacerdote no piense mal de mí? ¿Critico en mi corazón a otras personas por no ser tan devotas como yo? ¿Creo que le he dado mucho al Señor y ya debería estar yo más crecido en la vida espiritual?

  • Avaricia espiritual: ¿Colecciono devociones sin profundizar en el amor? ¿Compro libros espirituales que luego no leo, o Rosarios que luego no utilizo? ¿Vivo inconforme con lo que Dios me da? ¿Siento que Dios no me satisface como debería?

  • Lujuria espiritual: ¿Busco solo el gusto sensible en la oración? ¿Me aprovecho de mi lugar en la Iglesia para coquetear o seducir a alguien? 

  • Ira espiritual: ¿Me impaciento conmigo mismo por mis fallos o juzgo con dureza a los demás? ¿Siento impaciencia y me enojo por mis faltas? ¿Corrijo a los demás con dureza? ¿Me molesta ver que otros cometan errores en la liturgia o que irrespeten las normas de la Iglesia?

  • Gula espiritual: ¿Soy adicto a las "novedades" religiosas o a sentir bonito para poder rezar? ¿Busco que el confesor o el acompañante espiritual me apruebe todo lo que le digo? ¿Le huyo a la cruz o al sufrimiento? ¿Cuando comulgo me concentro sólo en buscar sentir gusto? ¿Dentro de  la Iglesia participo en todo pero no me comprometo con nada? 

  • Envidia espiritual: ¿Siento pesar cuando veo que otros progresan más que yo en la virtud? ¿Me incomoda que feliciten a otras personas por su servicio? ¿Me gustaría ser perfecto en todo? ¿Ambiciono o envidio los dones que tienen otras personas?

  • Acidia (Pereza) espiritual: ¿Huyo de la oración cuando se vuelve árida o exige sacrificio? ¿Me da pereza venir a misa? ¿Me escapo del servicio y busco excusas para no comprometerme en la comunidad?


No te asustes si, al terminar este examen, sientes que tus manos están vacías o que te queda mucho camino por recorrer. Ese "vacío" es precisamente el espacio que Dios necesita para llenarlo con su presencia. Es importante que no olvides que la confesión no es un juicio sobre tu perfección, sino una declaración de tu necesidad de Dios. Al reconocer tus apegos y tus "imprefecciones espirituales", estás abriendo paso al camino que te lleva hacia el Amado. No vas al confesonario a entregar una lista de fracasos, vas a entregarle al Señor tu vida para entablar una relación más auténtica con Él.


Finalmente, te invito a que, después de recibir la absolución, no te quedes solo en la tranquilidad de "estar limpio". Quédate un momento en silencio, reconociendo esa "salud del alma" de la que habla el San Juan de la Cruz, que te viene por el amor de Dios.. Recuerda: Dios no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón ¡Ánimo, que el Amado te espera con los brazos abiertos en la tarde del amor!


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