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Dios, mi mejor amigo - Día del amor y la amistad





El anhelo de felicidad, que anida dentro nuestro, está sustentado en el amor, mismo que hemos recibido y que intentamos dar, cada día, desde la escuela de la vida, que es la familia inserta en una sociedad, y desde la relación con nuestro entorno diario.


Y este amor tiene un día de celebración en el calendario desde el siglo III de nuestra era. La historia dice que un santo sacerdote, a quien llamamos Valentín, fue condenado a muerte por celebrar en secreto matrimonios de jóvenes enamorados, propagando así la religión católica, y como contrapeso de las fiestas paganas del Imperio Romano.


Después de la muerte de san Valentín, se dio inicio al día del amor y la amistad. Para muchas personas es una fiesta de carácter comercial pero su origen religioso está evidentemente demostrado por la existencia de este sacerdote que buscó la forma de propagar el Evangelio en esos primeros siglos de la Iglesia Católica.


El amor es lo que genera la vida en todos sus sentidos: humana, natural y espiritual. Pero no hay nada más grande y hermoso que el amor de Dios en las personas que vivimos la fe. Él nos creó, en Él nos movemos y existimos. Ya para el día en que fuimos engendrados, Dios tenía un plan de amor para cada quien, y nos ha regalado cuanto necesitamos en nuestra tarea de hacer realidad este plan de amor.


El primer amor que experimentamos es el de la familia, papá y mamá. Desde antes de nacer se crea en la criatura y su madre esa afiliación profunda, que será el germen de su desarrollo psicoemocional. Desde el día en que nacimos comenzamos a crear vínculos afectivos que son fundamentales en el crecimiento y desarrollo personal.


Junto al amor paterno y materno está el de los hermanos, luego llegan los amigos, las opciones de vida: formar una familia, consagrarse a Dios o quedarse en la soltería. Así, vamos creando relaciones de sano apego con las personas de nuestro entorno, y sabemos que en este proceso el amor es fundamental.



Pero, no es fácil desarrollarnos plenamente en todos los aspectos de la vida sin el verdadero y único Amor que he mencionado antes, y que puedo compartir desde mi propia experiencia como mujer consagrada a Dios.


TRATO DE AMISTAD


Cuando el amor de Dios llega a tu vida, significa que ya has pasado por esa etapa del primer grado de oración, "sacando agua del pozo, que es un gran trabajo" (V. 11,7)


Sacar el agua del pozo es cansarse en recoger los sentidos, dice santa Teresa, para vivir el encuentro con Dios en la oración. Es llegar a ese momento donde las distracciones ya no están, donde el silencio y la soledad son habitados por la Presencia del Amigo, sí, porque la oración no es otra cosa, "sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama". (V. 8,5)


En efecto, amistad, esta es la palabra clave en la experiencia de vivir el amor de Dios, transformante y apasionado, como una persona enamorada. Cuando yo opté por la vida religiosa, tenía 18 años, entonces ni siquiera sabía de la existencia de un pozo de dónde sacar el agua, pero fue el inicio de una hermosa aventura de amor con Dios.


¿Te sientes llamado a vivir esta experiencia? No es necesario que seas sacerdote o religiosa, no, pues todos estamos llamados a ser un hijo o una hija predilecta de Dios Padre.


Hay otros roles que pueden ser afines en nuestra relación con Dios, Él es padre, madre, amigo, hermano. Es el Creador que continúa dándome la vida día a día, y que paradójicamente exige de mí un esfuerzo en la búsqueda de la felicidad que no está en el bienestar.


El evangelio del domingo de la semana VI del tiempo ordinario de este año, víspera de la celebración del amor y la amistad, nos habla de las bienaventuranzas. ¿Y qué son las bienaventuranzas? Son la página del Evangelio contracultural, lo que está en contra de lo que se hace, lo que se piensa o cree que se debe hacer en la vida:


"Felices los pobres, los que lloran, felices ustedes que ahora tiene hambre, si los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo de Dios..." (Lc. 6,21)


¿Y cómo nos anima Jesús en esta paradoja?


"Alégrense y llénense de gozo, porque les espera una recompensa grande en el cielo".

El deseo de felicidad que anida en lo más profundo de nuestro corazón, solo puede ser saciado por el amor de Dios. Y en el proceso de crecimiento y desarrollo de nuestro ser "personas" no puede faltar la esperanza del Reino.


"Mil gracias derramado, pasó por esos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de hermosura". (Cántico 4)


Lo tenemos todo para vivir de amor, solo hace falta descubrir la forma, encontrar los medios, y lanzarnos a una meta en la carrera de la vida. No olvidar que seremos examinados en la tarde, cuando han pasado los años y se acerca el final. Debemos dejar nuestra condición y "aprender a amar como Dios quiere ser amado". (Dichos de luz 59)


Hemos sido revestidos de la hermosura de Dios, y cautivados por su amor y amistad. Si es necesario, hagamos locuras para responder a ese amor. "Ese Loco de amor me ha vuelto loca", decía Teresa de los Andes a su hermano Lucho, cuando lo dejó todo por seguirle y esa osadía fue premiada once meses después con la luz, la vida y el amor.




 

¿Tu cómo vives la amistad con Jesús?

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