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Decálogo de San José

Hoy te presentamos un decálogo sobre José esposo de María, diez puntos clave para conocer un poco más a aquel carpintero de Nazaret, de la estirpe de David. José es padre putativo de Jesús, amó a su hijo con corazón de Padre, custodio de la sagrada familia.





1. José, Varón Justo. (Mt 1,19)


Vayamos todos a Él, acudamos a Él ante nuestras necesidades, para que haga justicia en nuestras vidas y podamos experimentar esa misericordiosa justicia de Dios.

“¡Vayan a José!” exclamaba el Faraón de Egipto cuando el pueblo hambriento por la sequía no tenía comida ni trigo. “¡Id a José y hagan lo que él les diga!”.

Existe una analogía entre el José bíblico, hijo de Jacob, hijo de Israel, y José de Nazaret, esposo de María.

Dios se sirve de José hijo de Jacob para resolver los problemas del hambre en el mundo y de ser precavido en épocas de abundancia. Análogamente en José de Nazaret encontraremos al “varón justo” en el que hallar soluciones a nuestros problemas de cada día, pequeños o grandes.

José, en hebrero, significa “añadir”, Dios añadirá. Por eso escuchamos de nuevo el grito del Faraón: “Vayan a José”, no te preocupes porque Dios añadirá.


2. José, la alegría de confiar. (Mt 1,18).


San José enséñanos a vivir la felicidad de creer en las promesas de Dios con alegría.

La fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del Redentor: «Feliz la que ha creído», en cierto sentido se puede aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue transmitida en aquel momento decisivo. José no respondió al «anuncio» del ángel como María; pero hizo como le había ordenado el ángel del Señor y tomó consigo a su esposa. Lo que él hizo es genuina "obediencia de la fe" (cf. Rom 1, 5; 16, 26; 2 Cor 10, 5-6).[1]

José experimento la felicidad plena en el fiat, en el desposorio con María, en el compartir de la misión salvífica, en el cuidado y atención de María y Jesús; la sagrada familia como signo y reflejo se la comunión de la santísima trinidad. Es José el Bienaventurado, por creer en la promesa de salvación de Dios.


3. José, rostro del Padre. (Lc 2,52)

San José muéstranos el rostro misericordioso del Padre.

José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4). El amor de Dios Padre, Jesús lo experimentó desde el vientre materno en manos de José. El Padre putativo de Jesús, cuidó amorosamente a María y Jesús.

Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13)[2]



4. José, fiel y obediente. (Mt 1,24; 2,14.21)

Enséñanos a ser obediente día a día, escuchando tus palabras, configurando tus proyectos con mis pequeños proyectos.

Al final de cada relato en el que José es el protagonista, el Evangelio señala que él se levantó, tomó al Niño y a su madre e hizo lo que Dios le había mandado (cf. Mt 1,24; 2,14.21). De hecho, Jesús y María, su madre, son el tesoro más preciado de nuestra fe[21][3]

José es el hombre del seguimiento fiel, en el silencio; es fiel a la palabra, como lo vemos en la purificación de María y la presentación del niño en el templo. Llegado el tiempo, él llevo a María y Jesús al templo, presento la ofrenda para el rescate del Primogénito del padre, es fiel a María aun en lo desconocido, en el misterio de la Encarnación del Verbo.


5. José, Padre de la acogida. (cf. Lc 2,8-20)

San José, enséñanos a acoger al hermano, al forastero, enséñanos a tener entrañas de padre, para saber abrazar y sostener al que lo necesita.

José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia.

Miremos la situación de José al enterarse del embarazo de María, la mujer que ama y con la que tenía promesa de matrimonio, llega después de tres meses del viaje donde su prima Isabel y ya se nota el embarazo, el desconcierto de José ante tan inesperada noticia, y como la decisión tomada es pasada por la oración, el silencio y la contemplación, tanto así que el sueño se le revela la voluntad del Padre; Jose un hombre creyente, acoge la vida de Maria y del Niño en su vientre, acoge la voluntad del padre sin quejas, sin deseos de cambiar o modificar, sin pretensiones personales, sino tal y como Dios la envía.


6. José, como valentía creativa. (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22)

Enséñanos a vivir con Creatividad que nazca del Espíritu, para dar respuestas innovadoras a los problemas de cada día.

El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre, que cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el Hijo de Dios que venía al mundo (cf. Lc 2,6-7). Ante el peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño, José fue alertado una vez más en un sueño para protegerlo, y en medio de la noche organizó la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-14).[4]

Jose es un hombre creativo, que se deja inspirar por el Espíritu, que se deja hacer por Dios, es aquel convirtió un repudio en Boda, un corral de animales en una posada digna del Rey del Universo, una huida presurosa en un nuevo hogar, etc. Sin contar que tuvo que sortear muchas veces el peligroso camino del desierto. Toda una vida de valiente creatividad.


7. José, Padre en la sombra. (cf. Mt 2,13-18).

Aprendamos de José, que sirviendo desde las sombras fue abrigo y cuidado para el necesitado y desvalido.

Con la imagen evocadora de la sombra define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos. Pensemos en aquello que Moisés recuerda a Israel: «En el desierto, donde viste cómo el Señor, tu Dios, te cuidaba como un padre cuida a su hijo durante todo el camino» (Dt 1,31). Así José ejercitó la paternidad durante toda su vida[5].


José es el custodio en las sombras, en los evangelios no menciona ninguna palabra, solo es compañía en silencio, en las sombras, es acción y determinación; pensemos a José acomodando con prontitud las pocas cosas que tenían en el pesebre donde había nacido el Mesías, para adentrarse al desierto, para proteger al niño de la mano de Herodes. Seguramente el niño comenzó a llorar cuando tantos pequeños santos mártires dieron su vida por el Mesías y el reino. En nuestras vidas, tantas veces podemos ser protectores desde las sombras, de tantos niños que ni tienen voz, que mueren en los vientres de las madres.


8. José, Oración asidua en el trabajo (Mt 1,21)


Aprendamos de José, para ser trabajadores incansables de Dios, que cada trabajo y encuentro sepamos sublimarlo hasta el Amor.


La vida de San José era una continua oración: nada podía sacarlo de su habitual recogimiento. Según la hermosa observación de San Agustín, este gran Santo es el templo de Dios mismo; doquiera vaya, es el templo de Dios que va o que viene, que entra o que sale.

La frase tan conocida de Santa Teresa: Nada te turbe, nada te espante… es seguramente la vivencia que palpamos de José. Un hombre que nada lo turba, nada lo mueve de su recogimiento, de su oración y de su amor a Dios, incluso cuando María, su prometida llego de casa de su prima Isabel, con un abultado vientre, José confió plenamente en la voluntad divina, porque fue y durmió; ¿Quién podría dormir con tremendo conflicto?, pues José paso su decisión “quiso dejarla secretamente.” Por la oración, por el silencio, por el discernimiento y se fue a dormir, el lugar propicio de la manifestación de Dios, el ángel le dio las instrucciones precisas y él sin dudar en ningún momento, supo era el camino que debía tomar, despertando tomo a María como su esposa. (Mt 1.19-23)


9. José, Trabajo como expresión del amor. (cf. Mt 13,55)

Aprendamos de José, al amor que es servicio, que es trabajo, que es entrega, gastemos cada día nuestro amor en el servicio a los demás.

Si queremos tener, como San José, una gran facilidad para orar, debemos procurar estar recogidos durante el día, custodiar con diligencia las puertas de nuestros sentidos y, según el consejo del Espíritu Santo, preparar nuestra alma antes de presentarnos delante de Dios.

San José no perdió jamás de vista los divinos misterios de Jesucristo: recogía todas sus palabras y lecciones, y se alimentaba con ellas; admiraba los prodigios de su humildad, su amor a la vida oculta, la ciega obediencia a las órdenes de un pobre obrero.


El silencio hecho mirada, el trabajo hecho oración, y la oración como muestra de amor, y es que se debe descubrir a Dios en todo lo que acontece en nuestras vidas, ser lectores del amor de Dios en nuestro día a día. Podemos recordar lo que nos escribe Santa Teresa de Jesús “también entre los pucheros anda el Señor” (Fundaciones 5,8).


10. José, influencer de nuestra era.

San José, enséñanos a ser influencer de nuestra sociedad.


San José sacaba de la oración los más preciosos frutos, animaba todas sus acciones exteriores con el espíritu interior que perfeccionaba con este santo ejercicio, y crecía continuamente en el conocimiento y el amor de Jesucristo.

Que falta nos hace en el mundo actual, con tanta información, tanto movimiento y tanta “ventanera” que tenemos, que no logramos adentrarnos, no logramos estar en nuestro interior, peor aún hacer silencio, San José es un influencer al que debemos seguir, quizás no está en las redes sociales, ni tiene programas en los canales de youtube, pero si está en el silencio del corazón del hijo, está en las manos del Padre y en el soplo del Espíritu. Que la trinidad nos ayude cada día a ser hombres y mujeres de profundo amor al hijo, como lo fue el padre putativo de Cristo.

Animados con su ejemplo, no nos contentemos tan sólo con hacer oración por la mañana y por la noche, sino que el día entero sea para nosotros de ininterrumpida oración, seamos nosotros mismo oración continua y permanente en aquel que nos AMA; y así como durante el día se digiere el alimento material, así también, mientras estamos ocupados en los quehaceres comunes, tratemos de alimentarnos del pan de la verdad y de la caridad, que nos proporciona la oración.



Oración a San José:


Dios te salve, José, lleno de la gracia Divina,

bendito eres entre todos los hombres y bendito es Jesús,

el fruto de tu Virginal esposa.

San José, Padre adoptivo de Jesús,

ruega por nosotros en nuestras necesidades espirituales,

familiares, de salud y de trabajo y socórrenos en la hora de nuestra muerte. Amén.






 

[1]EXHORTACIÓN APOSTÓLICA REDEMPTORIS CUSTOS DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II [2]CARTA APOSTÓLICA PATRIS CORDE [3]CARTA APOSTÓLICA PATRIS CORDE [4]CARTA APOSTÓLICA PATRIS CORDE [5]CARTA APOSTÓLICA PATRIS CORDE


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