MIÉRCOLES DE CENIZAS - ORACIÓN POR LA PAZ

CON AYUNO Y ORACIÓN


Nos ha tocado a todos en el planeta, experimentar el inicio de otra guerra. El jueves 24 de febrero Rusia invadió Ucrania con sus fuerzas humanas y armamentísticas. Ya son seis días de dolor, angustia y mucha preocupación por el futuro. En el mundo globalizado en que vivimos una guerra nos afecta a todos, pero no solo debemos considerar esa realidad global, sino también hacer nuestro, yo diría: "personal" el llamado del Papa Francisco:


" Quiero hacer un llamado a todos, creyentes y no creyentes. Jesús nos ha enseñado que, a la insensatez diabólica de la violencia, se responde con las armas de Dios; la oración y el ayuno. Invito a todos, el próximo 2 de de marzo, miércoles de cenizas, a una jornada de ayuno por la paz. Animo de forma especial a los creyentes, a la oración y el ayuno. Que la reina de la paz preserve al mundo de la locura de la guerra."

Papa Francisco 23 de febrero 2022



Me duele el corazón, decía al principio de este mensaje el papa Francisco, y todos estamos preocupados y sufriendo por esta locura de unos pocos poderosos del mundo. Uno de los Evangelios de la semana pasada (21 de febrero) habla de los males que no salen sino con mucha oración, pues todo es posible para quien tiene fe. (Mt. 16,13-19)


La regla que mide la fe es la oración. Y las armas con que podemos ayudar hoy son el ayuno y la oración. ¿Cómo quisiéramos los creyentes en Dios, quitar este mal del mundo?

El cordero de Dios quita el pecado del mundo, pero respeta nuestra libertad si nos resistimos. El mal, la violencia y la guerra son consecuencia del pecado. El cordero de Dios lleva ese pecado. El "Hijo" que derramó su sangre en la cruz y se quedó en el pan y el vino, carga hoy ese dolor. Cada vez que comulgamos en la Eucaristía, nos hacemos "uno" con Él. Este miércoles de cenizas, al recibir a Jesús en esa forma de "Pan" miremos a Ucrania. Recordemos que ese cuerpo del "Hijo" es la sangre que ha sido derramada por nuestra salvación, y hoy quiere llevar y sostener ese dolor.

Cristo no tiene otro cuerpo que el tuyo.

Ni manos ni pies en la tierra sino los tuyos.

Tuyos son los ojos con los que Él mira compasivo a este mundo.

Tuyos son los pies con los que camina a hacer el bien.

Tuyas son las manos con las que bendice a todo el mundo.

Tuyas son las manos.

Tuyos son los pies.

Tuyos son los ojos.

Tú eres su cuerpo.

Cristo no tiene ahora en la tierra otro cuerpo que el tuyo.

Atribuido a Teresa de Ávila



CONVERTÍOS


La liturgia nos ayuda a prepararnos en estos cuarenta días antes del domingo de ramos, para vivir una semana santa en la esperanza de la paz y la conversión del corazón. En la primera lectura de la Misa de este miércoles de cenizas, la Palabra nos dice: " convertíos a mi de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos." (Joel, 2)

Ni llantos ni lamentos faltan en estos días tristes, pues vemos dolor que rompe la vida: Es un dolor inconcebible, absurdo, porque está provocado por las armas en las manos de hermanos contra hermanos. Es un dolor de todos, pero el Señor quiere también nuestro propio arrepentimiento y conversión en esta cuaresma que iniciamos hoy. Esa conversión no consiste en nada más que vencer el mal, luchar cada día por el bien, elegir lo bueno en todo momento.


Ayuno y oración nos pide el Papa Francisco como súplica a Dios por la paz. Pero la conversión es nuestra tarea personal, un cambio de vida. "Levántate y baja a la casa del que trabaja la greda, allí te haré oír mis palabras" dice el Señor a Jeremías. Esta Palabra está dirigida a ti, a mi, a todos. El "Alfarero" es Dios, el "torno" la vida, y el "cántaro" soy yo.


"Pero el cántaro que estaba haciendo le salió mal" (Jer. 1,4) ¿Qué estoy haciendo en mi vida, que provoca esa resistencia en las manos del Señor? La conversión no es solo un deseo o un acto de mi voluntad, es abrir el corazón para que "Otro" entre, y haga como le apetece, no solo en ocasiones, sino toda la vida.


¿No puedo yo hacer contigo Israel, lo mismo que hace este alfarero con su barro?

Sí Señor, tú puedes hacer y deshacer, cuantas veces sea necesario, hasta que tu Gloria se vea reflejada en la obra. Estamos alerta, esperando confiadamente la gracia que vamos a recibir. El que nos llamó es santo, y queremos también nosotros ser santos en toda nuestra conducta. "Ustedes serán santos, porque yo lo soy" (1 Pe, 1,16)


Acción: En esta pregunta cambia la Palabra Israel por tu propio nombre.

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