Una misión latente
La jornada mundial de las misiones, es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones, es celebrado en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”. Este año, el Papa León XIV eligió el lema “Uno en Cristo, unidos en la misión”, nos recuerda necesariamente que el Santo Padre eligió para su pontificado y, anteriormente, como lema episcopal: “In Illo uno unum” (“En el único [Cristo] somos uno”). Toma estas palabras del sermón de san Agustín sobre el salmo 127, en el que explica que, “aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno”.[1].

El domingo de las misiones, hace memoria en sus 100 años de lo esencial, y es que la misión no es sólo de aquellos que parten a lugares lejanos, que dejan madre, padre, casa y comodidades, ellos claro que son importante, sin ellos en todos los rincones del mundo, no habría misión, no habría Iglesia Misionera, pero, es fundamental también recordar que la misión nace en el Bautismo y nos implica a todos. Las familias, las Parroquias, comunidad y grupos de catequesis estamos llamados a anunciar a Jesucristo, no sólo con palabras sino con el testimonio de vida, es el Evangelio vivo que muchos en el mundo leen.
El Domund no es una llamada a la caridad, a la solidaridad, a la colaboración; la Jornada Mundial de las Misiones es otra cosa. Es reconocernos necesitados unos de otros, responsables unos de otros, llamados todos con una misma vocación: vocación a la misión. Cada uno en su sitio, con la vocación concreta y particular a la que el Señor le ha llamado, en las condiciones que le ha tocado vivir, pero con una misión común: hacer presente el reino de Dios entre los hombres, dar a conocer el inmenso amor de Dios por cada uno y por todos.
Ser parte del pueblo de Dios
En este momento de la historia donde el mundo se re quebranta con tantas guerras, conflictos y situaciones que nos ponen al pie del cañón, la Iglesia nos recuerda que somos UNO, pero no cualquier unidad, sino la que nos da Cristo.
El Domund 2026 nos invita a los creyentes a descubrirnos como parte un solo pueblo, el pueblo de Dios, de una sola familia, la familia de los hijos de Dios, de un solo cuerpo, que es Cristo la Cabeza, de un solo corazón, que late con el amor de Dios.
Hoy en día se escucha a muchos cristianos decir, yo creo en Dios, pero no en la Iglesia, y entonces hacen una religión a su medida, a su gusto, cortando lo que no me parece adecuado y poniendo otros gustos, una vida light, liviana, una religiosidad que no llega a la Iglesia, a la Parroquia, que lleva una vida paralela al quehacer de la Iglesia.
El Papa León XIV, nos llama a una unidad, nos llama a descubrirnos parte de la Iglesia que camina en el mundo, para ello debemos bajar las barreras, debemos perdonar, debemos ver a los servidores y a los clérigos como son, personas humanas, tan pecadoras como nosotros, con sus sombras y sus luces, con una necesidad profunda de oración, de compañía, de cuidado y atención por parte del pueblo.
Este día te reto a mirar un poco nuestro camino, quizás recordar algún momento de desilusión, de tristeza frente a una situación concreta dentro de la Iglesia, quizás con algún sacerdote, religioso, religiosa o algún laico comprometido, poder poner ese momento en manos de Dios, quizás orar por aquella persona que te hizo sentir que no eras parte del pueblo de Dios, que no fue reflejo del amor de Dios, te aseguro que necesitan de tu oración y de tu recuerdo, porque como toda persona, muchas veces se equivocó, se perdió del amor de Dios.
Todo te ofrezco, Señor
El Todo te ofrezco, Señor, más que una linda oración es tomar conciencia de nuestra pequeñez y el amor infinito de Cristo por nosotros, es el loco que ama cada segundo de nuestra existencia, aun con nuestras debilidades, aun con nuestras pequeñeces, por ello el aceptar nuestra pequeña ofrenda, nuestros pies cansados, nuestros manos agrestes, nuestro corazón humilde, con esta frase muy conocida de la Beata María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga, quiero unirme a ella y a toda la Iglesia en esta labor misionera.
Cada uno de nosotros, formamos una sola realidad con Cristo, y es nuestro deber y responsabilidad que Jesús sea conocido y amado por toda la humanidad. Es la tarea que recibimos desde nuestro bautismo, pero, ¿cómo realizarla?, en lo sencillo, en lo cotidiano de la vida, el enfermo que ofrece su fragilidad y dolores por la misión, el padre de familia que ofrece su cansancio y su trabajo por los misioneros, por las religiosas de clausura que ofrecen su vida como incienso agradable a Dios por las zonas de misión, con la mamá que se trasnochan para cuidar a la familia, pero que esto lo ofrece por todos aquellos que han partido de sus pueblos y patrias para llevar la buena nueva por todo el mundo, se realiza con los niños que al despertarse en la mañana piden a la Virgen que proteja y bendiga a los que fueron enviados a la misión.
Todos y cada uno somos parte de esta gran labor misionera, pero en este día es bueno respondernos. ¿Qué estoy haciendo yo para apoyar en la misión de la Iglesia? ¿Qué me propongo a hacer desde hoy?
Un Evangelio vivo
En el mundo globalizado, muchas personas, el único Evangelio que leerán será tu vida, quizás no lleguen a leer la Biblia, pero seguro se acercarán a tu vida, mirarán desde su ventana tu actuar, quizás no escuchen tus palabras, no escucharán un coloquio ni una cátedra sobre Dios y su seguimiento, sólo podrán experimentar al Dios que vive en ti al compartir el día a día contigo, entonces, ¿qué Evangelio anuncias en tu diario vivir?, ¿eres consciente de la responsabilidad que tienes al ser Evangelio vivo?
Somos como la luna que recibe la luz del Sol, la luz de Cristo Resucitado, y la reflejamos a los demás, la reflejamos con nuestra muestra de paciencia, de amor, de caridad, con nuestra escucha amorosa, nuestro trato amistoso, con nuestra solidaridad, con nuestra mirada de esperanza. Pero, ¿qué tan limpio está nuestro corazón para poder transmitir la luz del Resucitado?, quizás nuestras oscuridades no permiten que los demás vean el amor de Dios en nosotros.

Unidad Misionera
La unidad misionera, obviamente, no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él. Cada cual, según su vocación, todos los bautizados participamos en la misión, para la conversión de todo el mundo.
Todos somos miembros de un solo cuerpo, como nos lo recuerda San Pablo en su carta a los corintios, “hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo”[2], es el llamado que hoy hace este artículo, el poner nuestros mejores talentos al servicio de la Iglesia, el poner nuestro corazón, el ser generosos con nuestro tiempo y conocimiento para la expansión de la Buena noticia en el mundo.
Deseo terminar este artículo con la oración del Domund, para unirnos a toda la Iglesia, orando por las misiones en el mundo, y por aquellos misioneros que están en casa, en el colegio, en el trabajo, aquellos que Evangelizan desde su cama de hospital, desde su difícil vejez:
Oración del DOMUND 2026
Padre santo,
concédenos ser uno en Cristo,
arraigados en su amor que une y renueva.
Haz que todos los miembros de la Iglesia
estén unidos en la misión,
dóciles al Espíritu Santo,
valientes en dar testimonio del Evangelio,
anunciando y encarnando cada día
tu amor fiel por cada criatura.
Bendice a los misioneros y misioneras,
apóyalos en su esfuerzo,
presérvalos en la esperanza.
María, Reina de las Misiones,
acompaña nuestra labor evangelizadora
en todos los rincones de la tierra;
haznos instrumentos de paz
y haz que el mundo entero
reconozca en Cristo la luz que salva.
Amén.
Papa León XIV
[1] “UNO EN CRISTO, UNIDOS EN LA MISIÓN”, por José María Calderón, Director de OMP en España
[2] Cor 12.4



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