Del alma con Dios
Silvia Vargas OCDS

Me detengo ante mí misma
con el alma marchita,
sedienta ante la fuente
que mis entrañas irriga.
Con la esperanza disminuida
por los agobios de la vida,
deseosa de alcanzar
la tierra prometida.
Sintiendo la amargura
del dolor vivido,
y la lágrima que rompe
con todo lo querido.
Lejana a mis adentros
y al misterio que me habita,
derramada hacia afuera
donde todo me agita.
Resistiéndome a la muerte
que me da la vida,
aferrada a todo aquello
que mis deseos cautiva.
Indecisa ante el camino
que guía mi existencia,
y ante la luz que me ilumina
con cegadora presencia.
Esperando el abrazo
que junte todas mis partes,
anhelando el regazo
que pueda renovarme.
Queriendo amar
sin temor alguno
y sin miedo a enfrentar
lo que depare el futuro.
Me detengo ante ti Señor,
con el alma muy herida,
queriendo reconocer
tu presencia divina.
Buscando el consuelo
que mi alma necesita,
abrazando la Cruz
a la que me invitas.
Aceptando mi debilidad
que en ti se fortalece,
acogiendo la historia
que ahora acontece.
Esperando me devuelvas
la alegría perdida,
la ilusión de vivir
y el alma reconstruida.
Pretendiendo alcanzar
la plenitud un día,
y vivir eternamente
a ti unida.
Permíteme habitar
la profundidad de tu misterio,
y contemplar desde dentro
tu obra a cada momento.
Consume Señor
toda mi existencia,
y moldéala según
tu divina apariencia.
Que el fruto de mi llanto
florezca en tierra fértil,
y que en mí Señor
todos puedan verte.
Amén



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