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Isabel de la Trinidad y San Juan de la Cruz

hace 1 hora
7 min de lectura

Celebramos este 8 de noviembre a nuestra santa hermana Isabel de la Trinidad, y este año dando un realce especial a lo que significó para ella el testimonio de vida de Juan de la Cruz. Ella escribió tres tratados espirituales, este artículo recoge algunas reflexiones del primero, que nosotros conocemos como "el cielo en la fe".


Tres meses de vida en la tierra le quedaban a Isabel, cuando escribió uno de sus primeros tratados espirituales, páginas concebidas como una sorpresa para su hermana Margarita, a quien cariñosamente llamaba Guita, quien no conocerá esta iniciativa de su santa hermana hasta dos meses después de su muerte.

Son unos ejercicios espirituales de diez días, ella sabe en ese momento que su muerte es inminente, y la espera con ese profundo deseo de ver a Dios, que solo es posible en las almas santas que han llegado a un estado de unión con Dios tan perfecto y lleno de deleites, que solo puede despertar en ellas ese encuentro del cara a cara con Dios.

Después de esa grave crisis de su enfermedad en abril de 1906, su madre la visitó en el monasterio, y dice que no le ocultó su pesar de no haber partido para el cielo, "jamás me había dicho una palabra de esperanza de curación", testificó la señora Catez, "ella notaba que el Maestro la llamaba".

En la primera mitad de agosto de 1906, escribió cada día dos oraciones, fueron unos ejercicios que estuvieron centrados en su gran deseo de ver a Dios y dejar un recuerdo a Guita. Es un recuerdo escrito que dura y contiene un alimento espiritual, para su hermana, y hoy, para todos nosotros, con el fin de hacernos más semejantes a Jesús, más aún, fundirnos de tal manera en Él, que podamos decir: "no vivo yo, es Cristo quien vive en mí".

El Padre Conrad de Meester, encargado de presentar las obras completas de Isabel, y hacer los respectivos comentarios e introducciones, dice que el camino que presenta nuestra santa hermana en estos ejercicios, contiene una unidad musical, "es un camino especificado en la unión con Dios y el retorno al centro de nuestra alma, donde desde nuestro bautismo, la Trinidad nos abre una morada. Esto implica una búsqueda orante, asidua y llena de atención amorosa al Dios escondido que es el gran presente".

La unidad de este tratado es sicológica y musical, "la gran idea conductora de la unión con Dios, siempre diferentemente orquestada, está presente en todo esta sinfonía. La unidad de estas páginas es la de la vida que las ha inspirado. Llegada a las cimas espirituales, Isabel de la Trinidad, la santa y la mística, está preparada para traducir la gran temática de estas páginas en una donación radical y perseverante al Dios escondido que ella sabe presente, que es su fuego consumidor, que transforma su ser en Él y que muy pronto manifestará su rostro para siempre".



San Juan de la Cruz en Isabel de la Trinidad


En estas páginas Isabel cita mucho a Juan de la Cruz, el 7 de julio de 1906 había escrito una carta a un novicio carmelita descalzo, donde le dice: "Nuestro bienaventurado padre San Juan de la Cruz ha escrito sobre esto, páginas divinas en su Cántico y en Llama de Amor, este querido libro es toda la alegría de mi alma, que encuentra en él un alimento muy sustancial" (Carta 299)

En cielo en la fe, comienza Isabel haciendo alusión a ese espacio de encuentro del alma con Dios. que es como una eternidad comenzada, aunque siempre en constante progreso. En el día primero encontramos una cita de la 1º canción del Cántico, donde el alma pregunta: "¿Adónde te escondiste Amado?", el santo escribe; "y es como si dijera: Verbo, Esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido. En lo cual le pide la manifestación de su divina esencia; porque el lugar donde está escondido el hijo de Dios es, como dice san Juan (1, 18), el seno del Padre, que es la esencia divina, la cual es ajena a todo ojo mortal y escondida de todo humano entendimiento". (Cántico 1, 3)

Isabel ya era capaz de entender estas palabras de Juan de la Cruz, se deleitaba en ese espacio de encuentro, donde un abismo llama a otro Abismo, y es ahí, en lo más profundo, donde se efectúa ese encuentro divino, ella conocía que en el abismo de su nada y miseria, se vive cada día el encuentro con el Abismo de la misericordia de Dios, es la inmensidad del "todo", ese todo de Dios según Juan de la Cruz, en comparación con la nada del hombre.

El día segundo Isabel hace referencia al llamado de Dios, que nos invita a permanecer en Él, "a vivir con el alma en su herencia de gloria", (Ef. 1, 18) y "ahora nos revela que no hemos de salir de nosotros para encontrarle: El reino de Dios está dentro... San Juan de la Cruz dice que en la sustancia del alma donde ni el centro del sentido, ni el demonio pueden llegar, donde Dios se comunica al alma; entonces todos los movimientos de la tal alma son divinos; y aunque son suyos, de él, de ella lo son también, porque los hace Dios en ella con ella".

La cita de Juan de la Cruz que pone Isabel aquí está tomada de Llama de Amor 1, 9, ella desde muy joven experimentó esa presencia de Dios en su alma y aprendió a hacer vida esta palabra del apóstol Pablo, permanecer en Dios. Antes de entrar al Carmelo dedicaba tiempo a la oración, en su diario de vida el 27 de enero de 1900 le escribe a Jesús: "iré a ti, mi fuerza, mi apoyo, mi vida, a ti, que me iluminarás y me inundarás con el agua de tu gracia, a ti , que eres el único que puedes llenar la soledad de mi alma. Que no busque nada fuera de ti, porque únicamente tú puedes contentar mi corazón".

Permanecer en Dios es abandonarse en Él, y confiar como dice Isabel, en que Jesús es el único que puede llenar esa soledad. Isabel tenía 19 años cuando escribió esto, estaba haciendo ejercicios espirituales que se realizaban durante la misión en Dijon, y ese día no pudo comulgar en la misa de clausura, pues debía cantar en la comunión. Su delicadeza con Jesús le hizo buscar en la tarde una misa en una pequeña capilla, donde pudo comulgar; "después de haber recibido a Jesús en mi corazón, qué feliz era, de qué consuelos me ha colmado."

Isabel antes de morir vivía de esa unión con Dios, que es total y perfecta, ella sabía que el amor nos une a Él, y cuan mayor es el grado de amor, más profundamente entra el alma en Dios y se concentra en Él. "Más cuando ese amor haya alcanzado la perfección, habrá logrado el alma llegar hasta el más profundo centro, transformada de tal suerte y hasta tal punto que parezca Dios". Este párrafo es del día segundo de sus ejercicios, vemos que copia de Llama 1, 12 - 13 y después dice que no debemos preguntar por el Maestro a nadie en la tierra ni en el cielo; "porque Él es vuestra alma y vuestra alma es Dios"

De la canción 32 del Cántico, Isabel dice "buscarse" en lugar de "ocuparse de sí mismo", no querer nada para sí mismo. El Santo nos dice que es no querer admitir ni tomar nada para sí, ni atribuirse nada. La propiedad del amor es no buscarse nunca, dice Isabel, sino dar todo a quien ama. "Bienaventurada el alma que ama de verdad. El Señor se ha hecho su prisionero por amor". (Cántico 32, 1)

Nuestra santa hermana, una joven de 26 años que estaba a punto de ver a Dios en la eternidad, había profundizado toda esta belleza del alma que ama a Dios con locura, San Juan de la Cruz había entrado en su vida, y ella estaba recorriendo el itinerario espiritual del Santo, es verdad que no todo son citas de Juan de la Cruz y de otros, sino que mucho es de su propia cosecha con una notable descripción de la alabanza de gloria. Los últimos números de "cielo en la fe" hablan de esa identidad suya, el nombre nuevo en el cual ve reflejada toda su corta vida. Ella es una alabanza para Dios, "un alma de silencio que permanece como una lira bajo el toque misterioso del Espíritu santo, para que Él arranque de ella armonías divinas; sabe que el sufrimiento es una cuerda que produce los más bellos sonidos; por eso ella desea verla en su instrumento para conmover más deliciosamente el corazón de Dios".

Isabel había pedido permiso a su priora para escribir este Tratado Espiritual, para ella, unos simples recuerdos dejados a su hermana Guita. Madre Germana, cuando recibió de esta hija tan bellas páginas, guardó el cuaderno con el compromiso de entregarlo a Margarita después de su muerte, pero con todo lo que se presenta en un monasterio de carmelitas descalzas cuando una hermana parte al cielo, fue imposible. Entre muchas cosas Madre Germana tenía que escribir la circular a todas las comunidades, para dar a conocer la vida y los últimos días de la hermana que ha partido.

Isabel murió el 9 de noviembre de 1906, el 7 de enero de 1907 Madre Germana escribe a Margarita: "¿os he hablado el otro día del pequeño cuaderno de Ejercicios que Isabel preparó como último recuerdo para usted en este verano? Su querida madre os pondrá al corriente. Debe estar tan ocupada usted estos días..." El mismo día ella había escrito a la señora Catez: "...mando llevar a su casa un pequeño cuaderno de Ejercicios que ella preparó en los últimos días de su destierro para su querida Margarita, rogándome remitirselo como último recuerdo. Ella miraba al alma de su hermana y sobrinas, pero también pensaba que el alma de su madre tan querida encontraría con alegría este movimiento tan profundo de fe, de amor... He guardado tanto tiempo este tesoro por la necesidad que tenía de él para mi trabajo".


Conclusión


Este tesoro es ahora para nosotros, es imposible comentar todas las reflexiones en un artículo como este, pero estamos invitados a continuar leyendo y hacer nuestro ese deseo de Isabel de la trinidad y Juan de la Cruz de ser alabanza de gloria para el Señor, permanecer en su amor, intentar entrar en esa bodega secreta "donde el amor coloca a sus elegidos, este amor nos arrastra por los caminos y verdades que Él solo conoce; y nos arrastra sin retorno".


Bibliografía


Obras Completas de Isabel de la Trinidad - Editorial de Espiritualidad - 1986

Todos los textos en comillas sin cita, corresponden a "Cielo en la Fe" de este libro.

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