Vivir la Pascua es...

Actualizado: hace 6 días

Queridos hermanos y hermanas, hemos iniciado este tiempo especial en nuestra madre la Iglesia, el tiempo de Pascua. Con gran gozo, alegría y agradecimiento celebramos que Jesucristo, nuestro Señor, ha resucitado y con su resurrección ha llevado a cumplimiento el designio de amor de Dios Padre para toda la humanidad. El mal, la muerte y el pecado han sido vencidos y en Jesús ahora tenemos vida nueva, la vida de la gracia, la vida plena. Este tiempo nos invita a agradecer a Jesús este inmenso e inmerecido don y a participar de esa vida nueva que Él nos ha regalado. Con esta intención quiero compartir con ustedes tres reflexiones que la Palabra de Dios nos hace acerca de qué significa vivir este tiempo de Pascua.


“Entonces entró también el otro discípulo, vio y creyó.” (Jn 20, 8). Estas acciones del discípulo iluminan nuestro camino pascual. Vivir la Pascua es ver y creer. Esto no significa que veamos a Jesús así como lo hicieron en su tiempo los discípulos, sino que debemos verlo por medio de la fe. Podemos ver a Jesús en los acontecimientos de nuestra vida, de nuestro mundo y en el hermano. Jesús está vivo y se hace presente en toda la realidad en la que estamos inmersos, pero es necesaria la fe para poderlo ver. Después de ver el discípulo creyó. Creer en Él significa que estemos seguros de su presencia viva, real y eficaz y que su vida nueva se manifiesta en toda la realidad, aun en medio de las situaciones más duras y difíciles.


“Pongan todo su corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra” (Col 3, 2). Esta es la invitación que nos hace San Pablo. Si la resurrección de Jesucristo nos ha dado una vida nueva, necesariamente debe cambiar el enfoque desde el cual vivimos nuestra existencia: ya no puede ser la vivencia de una vida meramente terrena que, aunque es bella y es un regalo de Dios, no es la vida plena que nos regala Jesús. Esta vida nueva es la que debe orientar nuestra existencia terrena, hacia la vida del cielo se deben dirigir todos nuestros pensamientos, deseos y acciones. Vivir la Pascua es, entonces, asumir coherentemente la novedad de vida que Jesús ha restablecido con su muerte y resurrección.


“Él nos mandó predicar al pueblo y a dar testimonio” (Hch 10, 42). Con estas palabras el apóstol Pedro nos hace ver que la experiencia de Cristo Resucitado necesariamente debe desembocar en un anuncio: el anuncio de su Palabra, de su testimonio de vida y de su valor para la salvación de todos. Vivir la Pascua es también compartir esa experiencia del Resucitado, eso que tiene un valor más grande que cualquier regla moral, precepto de culto o contenido doctrinal porque es la misma vida la que se convierte en anuncio y esa experiencia es la que contagia la Buena Nueva de Dios.


Vivamos hermanos y hermanas esta Pascua del Señor. Veámoslo y creamos en Él, asumamos su vida nueva y anunciemos su experiencia. Démosle gracias así como nos invita el salmista: “Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna” (Sal 117) y alegrémonos atendiendo a la invitación de Santa Teresa de Jesús: “Si estáis alegre miradle resucitado; que sólo imaginar como salió del sepulcro os alegrará. ¡con qué claridad y con qué hermosura!¡con qué majestad, qué victorioso, qué alegre!” (CV 26, 4).


Para reflexionar:

1. En este momento de mi vida, ¿estoy viendo a Jesús? y ¿estoy creyendo en Él? ¿qué me esta ayudando a verlo y creerle? o ¿qué me está impidiendo hacer eso?

2. ¿Estoy realmente buscando los bienes “de arriba”? o ¿estoy viviendo mi vida únicamente desde la óptica terrena?

3. ¿A qué creo que Jesús me está invitando en esta Pascua para dar testimonio de su resurrección?

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