Transfiguración del Señor

Actualizado: 11 ago

Nuestra Liturgia nos permite celebrar hoy la Transfiguración de Jesús, una fiesta de Gloria, luz y resplandor. Un encuentro de Comunión y de amor. Y un anuncio de la última etapa de la vida en la tierra de nuestro Salvador: su Pasión.

La Transfiguración es un misterio que prepara a los apóstoles en la comprensión de tanto dolor en su maestro y amigo.



AMBIENTE DE AMIGOS


Jesús invitó a tres de sus amigos, a un monte alto a orar; Pedro, Santiago y Juan, los tres, junto a TRES. Sí, porque en la Transfiguración está presente la Trinidad.

  1. El Padre detrás de la nube, permite a estos tres oír su voz, y ellos logran percibir la calidez y profundidad de esta frase: "Este es mi Hijo, el amado, escuchadle", como a los profetas que en este momento de teofanía están representados por Elias.

  2. El Hijo amado del Padre, amigo, maestro. El Dios encarnado que ha recorrido los pueblos de Israel predicando el Reino del amor. No hay amor más grande en nuestra existencia humana, que este amor-comunión entre el Padre y el Hijo. Y digo "nuestra", porque existimos, somos, nos ha creado humanos, hombres y mujeres, semejantes a su imagen. El Hijo hecho hombre, que en esta ocasión en el Tabor es transfigurado de lo humano a lo divino. Es esa Alma "que ningún sabio pintor, supiera con tal primor, tal imagen estampar" (Poesía: Alma, buscarte has en mí), y nosotros, semejante a la suya.

  3. ¿Y el Espíritu? La manifestación del Espíritu Santo en esta escena, está en la relación de amor entre el Padre y el Hijo. Amor oblativo que se hace entrega total; el Hijo desde el dolor en la Cruz, y el Padre desde su complasencia de amor en su Hijo. El amor eterno del Padre solamente puede satisfacerse en el Hijo que comparte su propia divinidad.



LOS LLEVÓ APARTE


Jesús, de entre doce amigos muy cercanos, eligió a tres; Pedro, Santiago y Juan, y los llevó aparte a un alto monte para orar. Allí, en soledad y silencio, condiciones que disponen al ser humano para el encuentro con Dios. Allí, en lo alto del monte, Dios se comunica con ellos. Sabemos que para Jesús, esto es lo usual, en su forma de relacionarse con el Padre, desde