Mi espejo ha de ser María

Hermanos y hermanas, con mucha alegría iniciamos este triduo de preparación a la celebración de Nuestra Madre la Virgen María del Monte Carmelo. También hoy es día de fiesta porque celebramos a nuestra hermana Santa Teresa de los Andes, (1900 – 1920) Juanita Fernández, carmelita descalza chilena.


Santa Teresa de los Andes vivió toda su existencia en una relación muy estrecha con Jesús y también estuvo muy unida a María. Desde muy pequeña, a la edad de los siete años más o menos, nació en su alma una devoción muy grande a la Virgen María. Toda la vida, la experiencia y la doctrina de Juanita no se entiende sin la presencia de María. Ella será su compañera durante toda su vida.


Juanita en una ocasión escribió: “Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija debo parecerme a ella y así me pareceré a Jesús”. Ella, con esta frase, estableció una conexión entre Jesús y María de la cual ella también quería formar parte. En esta reflexión se indican algunos aspectos de identificación entre Jesús y María con el objetivo de profundizar un poco en algunos aspectos en los que María se configuró totalmente con su Hijo y los cuales Teresa de los Andes también se sentía llamada a vivir.


El primer aspecto en el que María se identificó con su Hijo fue en la obediencia. María, al aceptar la misión que se le confiaba: “concebirás y darás a luz un hijo” y con su “sí” generoso: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices” (Lc 1, 38) fue instrumento de Dios para la realización de ese designio salvador. Jesucristo, el Hijo de Dios, también llevó a cabo su misión: realizar ese designio de amor que Dios pensó desde la eternidad para toda la humanidad. Con sus acciones: predicación, milagros, curaciones y llamado a la conversión, demostró que el Reino de Dios está presente y que está al alcance de todos. Aun en medio de la angustia y el miedo cuando ya se acercaba el momento culminante de su vida, Él se abandonó en la voluntad de su Padre: “Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22, 42).


El segundo aspecto es la humildad. También en esta cualidad encontramos identificación entre María y Jesús. María siempre fue consciente que lo que en ella se realizaba, no era obra de ella sino de Dios: “porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso” (Lc 1, 49). En todo momento ella consideró la acción de Dios en su vida y por ello fue humilde, asumió su verdad y la acogió con amor. Jesucristo, de igual forma, manifestó una humildad sin límites, una humildad hasta el punto de aceptar la muerte y una muerte de cruz (Flp 2, 8). Fiel a la voluntad del Padre, y dejando a un lado todo sentimiento de soberbia, se sometió también a la mentira, a la injusticia y a la condena de parte de los seres humanos. En el momento de su agonía, se mantuvo humilde: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).


Finalmente, un tercer aspecto en común entre María y su Hijo fue la actitud de servicio a los demás. En María lo vemos cuando ella “se puso en camino y fue deprisa a la montaña” (Lc 1, 39) a la casa de su pariente Isabel y se quedó con ella unos tres meses para servirle en los últimos meses del embarazo. Se resalta que María fue deprisa, inmediatamente y también que ella no se detuvo a ver su condición, sino que estuvo atenta a las necesidades de su pariente que la necesitaba. La vida de Jesús toda fue de servicio. Desde el hecho mismo de su Encarnación Él se dispuso a ser servidor de los hombres. La razón de su vida de servicio fue su amor y su entrega incondicional hacia todos y el hecho de saber que todos, por Él, somos hijos en Él. también Jesús nos dio testimonio del servicio cuando se puso a sí mismo como modelo: “Yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lc 22, 27).


Hay muchos mas elementos en los que se podría profundizar. Pero que sean suficientes estos tres. Que ellos nos ayuden a comprender, a valorar y a agradecer el inmenso amor que Dios nos ha mostrado por medio de Jesús y de María y pidámosle a Dios que nos ayude a vivirlos para hacer su voluntad, para ser felices y ayudar a otros a que se encuentren con este amor sin límites así como también quería Juanita.


Que el mismo Dios nos ayude a hacer realidad este deseo, el mismo de Juanita: “No tengamos otro deseo que el de glorificar a Dios cumpliendo en toda su divina voluntad. Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita”.


Para reflexionar:

1. De estas tres cualidades ¿Cuál te llama más la atención? ¿Qué rescatas de cómo la vivieron Jesús y María?

2. ¿Qué elemento en común entre María y Jesús te sientes llamado hoy a vivir? ¿Cómo puedes hacerlo? ¿Qué acciones puedes realizar o que actitudes debes tener para vivirlo?

3. De las frases que se mencionan de Santa Teresa de los Andes, ¿Cuál te llama más la atención? ¿A qué te invita?