El camino de oración en Santa Teresa de Jesús

Cuando el Papa Francisco realizó su viaje apostólico a México, en la homilía de la Santa Misa con sacerdotes, religiosas, religiosos, consagrados y seminaristas, afirmó lo siguiente: “Hay un dicho entre nosotros que dice así: "Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas", porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas"”. Estas palabras del Papa Francisco evidencian una realidad, nuestro estilo de vida habla de la oración, y la oración es testigo de nuestra vida. Por tanto, si queremos alcanzar los frutos abundantes que Dios espera de nosotros, debemos empezar un auténtico camino de oración. Por eso, la Santa que hoy 15 de octubre celebramos, es un lucero que ilumina de manera sin igual, el complejo mundo del orante.


Y es que, entre los temas más apasionantes e importantes que Santa Teresa de Jesús desarrolló en sus escritos se encuentra el tema de la oración. De hecho, se trata de la cuestión central del mensaje en sus escritos. Por eso, en esta ocasión haré el atrevido intento de proponer una sucinta descripción del proceso o itinerario que la Santa nos plasmó en sus escritos acerca de la vida oración. Con esto, espero que puedas descubrir y reconocer tu propio camino de oración, de esta manera, y si crees que aún no te has tomado en serio este camino, espero también puedas animarte a empezar cuanto antes, ya que tal y como atestigua la Santa “No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración” (V 19,12).


Obstáculos en el camino

Es claro de que vivimos inmersos en un mundo caracterizado por la inconsistencia, inestabilidad, indurabilidad, insatisfacción, caos, etc. toda esta vorágine provoca que el camino de la oración sea muy dificultoso, y por ello, mismo, urgente. Acá es en donde entra al rescate nuestro la palabra de Teresa. La experiencia de ella en el camino de oración la podemos ubicar en tres grandes momentos o etapas que vienen a dinamizar todos los aspectos de la vida en el orante. Encontramos en primer lugar el deseo y puesta por obra en iniciar el camino, luego viene un estado de lucha por encontrar el sentido de la oración y la posibilidad de hacerla frente a las dificultades, y, por último, mantenerse fiel y perseverante hasta el final con “determinada determinación”.


Qué es la oración para Teresa

Pero antes de iniciar a describir el itinerario, es importante recordar el rico significado que tiene el concepto de oración para Teresa. No se trata de una concepción teórico e ideológica, sino totalmente experiencial: “que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas. con quien sabemos nos ama. Y si vos aún no le amáis, porque para ser verdadero el amor y que dure la amistad, hanse de encontrar las condiciones... viendo lo mucho que os va en tener su amistad y lo mucho que os ama, pasáis por esta pena de estar mucho con quien es tan diferente de vos” (V 8, 5). Se destaca el acento personalista en donde amistad y amor van a caracterizar a las personas que entran en relación con Dios a través de la oración. No es cuestión de razonamientos, sino del corazón.


Primera etapa: deseo de entrar en el camino de oración

El primer camino que enfrenta el hombre es aprender a vivir desde dentro. Debe romper el miedo al silencio, a la soledad, a las relaciones profundas, a conocer la verdad que lleva dentro, en fin, miedo a amar y dejarse amar. Por eso, el primer paso es entrar, entrar al castillo de nuestra interioridad. Teresa nos dice que “la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no digo más mental que vocal, que como sea oración ha de ser con consideración” (1M 1,7). Una vez que damos ese paso, nos encontramos ante un mundo que desconocemos, tanto a nivel humano como espiritual, de ahí que, la actitud nuestra debe ser la de dejarnos iluminar por la verdad que allí se encuentra.


Como buena mistagoga, en este primer estadio la Santa nos regala un valioso consejo: “aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten lo mismo” (V 7, 20). Generalmente, en este primer momento, el Señor regala al orante un deseo profundo en adentrarse hacia una experiencia orante más profunda, se pasa de la oración vocal a la oración de meditación o recogimiento, inclusive se puede llegar hasta la oración contemplativa. Todo esto es necesario que la persona lo experimente, de esa manera se anima para grandes cosas y le prepara para los momentos de lucha y sequedad que caracteriza el segundo momento.


Sin embargo, en esta etapa existe una gran tentación, el de quedarse afuera del castillo y no entrar, quedarse en lo superficial, lo pasajero, lo mundano, la Santa va decir que las personas que no entrar al castillo “que son las almas que no tienen oración como un cuerpo con perlesía o tullido, que aunque tiene pies y manos no los puede mandar; que así son, que hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí; porque ya la costumbre la tiene tal de haber siempre tratado con las sabandijas y bestias que están en el cerco del castillo, que ya casi está hecha como ellas, y con ser de natural tan rica y poder tener su conversación no menos que con Dios, no hay remedio.” (1M 1, 6).


Segunda etapa: sequedad y lucha

Ahora pasamos al estadio donde creo que nos encontramos la inmensa mayoría, la lucha por encontrar un sentido en medio de la sequedad. Se trata de una tarea ardua y larga. Alrededor de 20 años fue lo que vivió la gran maestra de oración, con experiencias de grandes sequedades e intensa lucha. Y es que, en la dinámica de la vida espiritual, todo esto es necesario, porque se trata de la vía de purificación. Lo que más caracteriza en esta etapa es la experiencia de la impotencia, aunque hay períodos de lucidez e incluso, momentos de intensa oración contemplativa, sin embargo, lo común es que el orante ya no encuentra gusto en la oración, inclusive, se le hace tedioso buscar esos momentos de oración e iniciar a orar.


Mientras nos encontramos en esta etapa, es necesario valernos de algunos medios internos como la lectura de buenos libros, la lectura y reflexión de las Sagradas Escrituras, el acompañamiento espiritual, contemplar la naturaleza, etc. todos estos medios evitaran que la persona se enfríe y deje por completo la práctica de la oración. En el caso de Teresa, ella supo mantenerse fiel a pequeños ensayos ocasionales de oración, hasta determinarse de una manera decisiva: “determinéme a seguir aquel camino con todas mis fuerzas” (V 4, 7). Una vez que Teresa tomó en serio la vida de oración, los resultados fueron evidentes. Ahora, las dificultades en la oración se presentan como normales pero persistentes. Alguien que se determina a la oración va a buscar y reservar un espacio cotidiano destinado exclusivamente para la oración a pesar de que no tenga deseos de hacerlo.


La Santa, literalmente hace una súplica que es de mucha conmoción, quiere dejar claro la importancia de la oración, que en esto no debe existir tregua ni tampoco la más mínima consideración de volver atrás, ella dirá lo siguiente: “De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es que por males que haga quien la ha comenzado, no la deje, pues es el medio por donde puede tornarse a remediar, y sin ella será muy más dificultoso… Y quien no la ha comenzado, por amor del Señor le ruego yo no carezca de tanto bien. No hay aquí que temer, sino que desear; porque, cuando no fuere adelante y se esforzare a ser perfecto, que