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Artículo - El Dogma de la Asunción de la Virgen María-

La Llena de gracia

Quiero aprovechar la ocasión especial que apremia a toda la Iglesia Universal, se trata de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Es un momento oportuno en el cual, enfocaré la atención a un tema que resulta para muchos, desconocido; mal interpretado, irracional y repulsivo para otros; y en su mayoría indiferente, se trata de los dogmas. Por eso, hoy, que la Iglesia se alegra y celebra precisamente el dogma de la Asunción de la Virgen María, deseo aclarar lo que significa un dogma y la importancia y relevancia que tiene para nosotros la Solemnidad que la Iglesia celebra el 15 de agosto de cada año.


Mi experiencia adquirida como seminarista en el ambiente del trabajo pastoral, he podido evidenciar el corto conocimiento que tiene el pueblo de Dios acerca de los dogmas, de hecho cuando he preguntado cuáles son los dogmas marianos por ejemplo, han sido pocos los que saben responder y aún mucho menos los que logran comprender y a su vez explicar el sentido y razón de una verdad de fe como son los dogmas. Por eso, mi intención es iluminar aunque sea un poco la fe, a través del conocimiento y relevancia que tienen los dogmas para nuestro camino de fe y el mensaje e implicancia que tiene para el hombre actual la Asunción de la Virgen María.


La sociedad en que vivimos cada vez más nos demanda a dar razones de nuestra fe (1 Pe 3, 15), aunque también es verdad que lo esencial es dar testimonio del evangelio, no por ello quita el que tengamos la responsabilidad de alimentar nuestra fe a través del conocimiento y formación en los temas relacionados a la fe. No se puede negar que cuando se habla de dogmas, resulte ser un terreno árido y desconcertado, inclusive se ha caído en muchos prejuicios, como por ejemplo están aquellos que piensan que los dogmas son una estrategia que la Iglesia ha venido usando para condicionar a personas de débil razonamiento y hacerles miembros enajenados de una comunidad; hay otros que consideran que se trata de acciones desesperadas e irracionales de la Iglesia que se inventa esto de los dogmas para anestesiar las conciencias; mientras otros piensan que los dogmas atentan contra la libertad de la persona; de ahí que, aprovechado el momento, lo que pretendo es aclarar de lo que se trata y porqué la iglesia lo celebra y qué es lo que verdaderamente enseña, así como la actualidad permanente que tiene cada dogma para hacer más coherente la creencia razonable en Dios y la Virgen María.


Qué son los dogmas

En cuanto al tema de los dogmas, se refiere a una realidad cierta, innegable e invariable. Es relevante hacer constancia de que los dogmas son verdades de fe, esto significa que desde antes que se proclamara un dogma eran verdades en sí, porque recordemos que la verdad es una. Esto significa que para aceptar un dogma como tal es indispensable que la persona tenga fe, recordando que la fe es un don de Dios.


Es importante también tener claro que los dogmas no atentan contra la razón ni la libertad de las personas, ya que cuando alguien se adhiera a la fe lo hace con un pleno uso de su libertad. De hecho, cuando la Iglesia declara un dogma es porque ha pasado por un razonamiento y reflexión profunda antes de hacerlo oficial, por ejemplo, proclamar el dogma de la Asunción de María le llevo a la Iglesia casi diecinueve siglos (el dogma fue proclamado por el papa Pío XII en 1950), ya que desde los primeros cristianos ya se hablaba de la glorificación de María en cuerpo y alma a los cielos. En este sentido los dogmas son verdades para creer y que al hombre de fe le sirven como una brújula en su camino de fe. Por tanto, los dogmas son como esas luces en el camino que lo que hacen es iluminar dicha verdad y hacerla más asequible a la fe y a la razón.


La realidad del hombre actual

Ahora bien, ¿cuál es la importancia que tiene la solemnidad para nosotros los católicos y qué estímulo puede ofrecer incluso para quienes están alejados de la Iglesia?


En la sociedad postmoderna en que el ser humano se encuentra, choca de frente a una realidad que es inevitable, la muerte. Percibo que el miedo a la muerte se ha hecho más fuerte, por eso el hombre quiere perpetuar su juventud, los papeles se han invertido, el adulto quiere ser joven y la juventud se queda sin un punto de referencia que le inspire seguir peregrinando en la vida, de ahí se explica que también el suicidio en los jóvenes también sea un problema que lastimosamente ha aumentado, porque han perdido el rumbo de sus vidas, no tienen un punto de referencia estable que le dé sentido a la existencia. Este problema conlleva a otro, el de vivir en la superficialidad, de ahí que el famoso sociólogo hace poco fallecido, Zygmunt Bauman, denominara a la sociedad actual como una sociedad líquida, es decir, que los grandes valores de antes, ahora resultan relativos, que el ser humano está más vulnerable de sucumbir ante el canto de las sirenas ante los cambios vertiginosos de una cultura que se ha vuelto globalizada. Ya nada le resulta estable, por eso que existe un consumismo exacerbado y la indiferencia frente al otro cada vez más es notable, de ahí que, le urge al hombre actual despertar y así hacerle frente a un mundo que le está quitando la capacidad de ser humano.


La Asunción, Esperanza siempre renovada

Sin embargo, es ahí donde va tener un singular significado la celebración del dogma de la Asunción. Primeramente nos recuerda que aunque todos nos enfrentaremos algún día con la muerte, ésta no tendrá la última palabra, ya que, el amor es más fuerte que la muerte, y solamente el amor triunfa siempre. Ya hubo alguien que nos demostró con hechos cómo la muerte ha quedado vencida para siempre, se trata de Jesucristo. Pero además, Dios ha querido hacer partícipe de la gloria a alguien de nuestra raza, de nuestra condición, por los méritos de su Hijo, Éste ha querido que su madre tuviera la victoria sobre la muerte, María. Por eso, la Asunción de María va a recordar al hombre de todos los tiempos, que la sed de infinito en algún momento quedará saciada, que el miedo a la muerte se debe por el deseo de la vida eterna, en donde no se desea morir, pero que si tenemos la fe en Dios que ha adelantado a María, entonces se fortalecerá nuestra esperanza.


El otro aspecto que viene a contrarrestar el gran problema actual es la de evitar que el mismo hombre se pierda en medio de una vida mal vivida, una vida inmersa en lo superficial, en lo que se acaba, lo efímero. La Asunción nos va a recordar tener la mirada en los bienes de arriba, poner el corazón en el verdadero tesoro (Mt 6, 20-21), valorar lo que tiene valor en sí, es decir, en aquello que da consistencia y sentido a la existencia, una vida basada en los grandes valores de la justicia, la paz, la verdad, la generosidad, la familia, la fe, el amor, el gozo, la pureza, la sencillez, humildad. Definitivamente que si vivimos de esa manera, nuestra vida y nuestro entorno cambiarán para bien. El bien que tanto necesita la sociedad actual.


Finalmente, quiero destacar la dimensión de nuestra corporeidad, ya que el dogma de la Asunción nos dice que María después de haber atravesado su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma hacia la gloria celestial. Esta verdad de fe es motivo de alegría y de esperanza, porque con la Asunción de María nos damos cuenta que para Dios el cuerpo tiene un lugar. Lo vemos en María, en el cumplimiento de la preservación de la corrupción de su cuerpo, donde el pecado no tuvo cabida, porque ella es la Llena de gracia (Lc 1, 28). Esto puede decir mucho a la sociedad actual, en donde el culto al cuerpo tiene su más alta expresión hasta tal punto que se llega a idolatrar al mismo cuerpo, en este sentido María nos enseña la importancia de preservar nuestro cuerpo para Dios. Tener presente lo que va a suceder con nuestra corporeidad es también motivo de alegría y de esperanza porque Dios que nos ha creado a imagen y semejanza (Gn 1, 26), llevamos impresa esa imagen divina. En María vemos que nuestro cuerpo está llamado a la santidad y a la plena comunión con Dios, San Pablo dice que nuestro cuerpo es Templo y morada del Espíritu Santo (1 Cor 3, 16), por eso, debemos de hacer de nuestro cuerpo una digna morada para tan divino huésped, esto implica vivir en gracia, respetar nuestro cuerpo, valorarlo y descubrir que a través de él, somos capaces de convertirnos en don para los demás a ejemplo de María, que todo su ser fue exclusivamente para Dios y de manera especial su corporeidad, el cual fue el medio por donde Dios se encarnó y puso su morada en medio de nosotros (Jn 1, 14).


Que la celebración de hoy nos ayude a reavivar nuestra esperanza, que valoremos todos los medios que Dios nos pone a nuestro alcance para hacer de nuestra vida la más grande fiesta y alegría, porque quien se encuentra con Dios, el gozo y la alegría será la manera externa de testimoniar la presencia de Dios en la vida, tal como María. Que podamos también de la mano de María cantarle a Dios nuestro propio Magníficat, buscar siempre lo que permanece, los bienes de arriba, y que podamos alcanzar la promesa de la vida eterna, ya que el Misterio de la Asunción que celebramos, es la plena realidad de la resurrección de Cristo en todo el ser de María, es manifestación que nos alienta y nos muestra hacia dónde está nuestra auténtica morada. Por eso, no olvidemos jamás que no hay razón para temer a la muerte, ésta ha quedado derrotada para siempre por el amor.


Que la Virgen María nos ayude a caminar siempre en la fe, en la esperanza y en el amor, para que aspirando siempre a las realidades divinas lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo (Oración Colecta, Solemnidad de la Asunción).


Fray Nelson de la Madre de Dios, ocd.

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